En el interior de los módulos prefabricados añadidos al edificio rehabilitado de Cuatro Caminos, en A Coruña

VIVIR A CORUÑA

La intención de la propiedad es sacarlos en régimen de alquiler en los próximos tres meses, una vez terminada la obra

07 ago 2025 . Actualizado a las 20:15 h.

Cuatro Caminos se prepara para estrenar una de sus rehabilitaciones más singulares, de las varias que todavía hay en activo. El edificio situado en el número 19 de la calle Concepción Arenal, construido en 1940, está a punto de completar una intervención que ha transformado no solo su estructura, sino también el paisaje urbano. El cambio más llamativo: la adición de dos plantas superiores mediante módulos prefabricados, que han generado interés entre transeúntes y debate en el ámbito arquitectónico.

Antón Ares, promotor del proyecto y responsable del Grupo Ares, confirma que las nuevas viviendas estarán listas en los próximos meses. «Esperamos tenerlos listos en tres meses, ya preparados para el alquiler», asegura. No se tratará de pisos turísticos ni de alquiler temporal, sino de viviendas pensadas para residencia habitual, aunque también se valora la opción de alquiler con opción a compra.

Lofts modernos de 55 metros cuadrados

Rehabilitación del número 19 de la calle Concepción Arenal, en Cuatro Caminos (A Coruña).
Rehabilitación del número 19 de la calle Concepción Arenal, en Cuatro Caminos (A Coruña). Y.G.

Las cuatro viviendas añadidas en los dos módulos prefabricados instalados siguen una distribución tipo loft, en cumplimiento con la normativa que obliga a que las zonas nuevas sean diáfanas. Aunque serán espacios únicos, con cocina abierta y zona de estar, el promotor asegura que buscará incorporar elementos que permitan cierta separación visual entre la zona de dormir y el resto del piso. «A nadie le gusta dormir totalmente expuesto, aunque vivas en un loft», afirma.

Estos pisos miden entre 55 metros cuadrados y tendrán una distribución de zona de estar, cocina habitación y baño. El resto de viviendas, las del edificio original son más grandes, de unos 65 metros cuadrados y tendrán una distribución similar, pero con la cocina y la habitación separadas del resto. 

Todos los inmuebles disponen de vistas despejadas, lo que iguala las condiciones de habitabilidad y hará que las diferencias de precio por altura sean mínimas. Aunque la horquilla de precios aún no está cerrada, Ares apunta a cifras en torno a 1.000 euros mensuales. «No es lo mismo pedir ese dinero por el piso heredado de tu abuela, sin reformar en 50 años, que por algo como esto, que ha costado dinero», explica. 

El interés por alquilar alguna de las viviendas ya comenzó ya durante las primeras fases de obra. «En cuanto pusimos la primera lona, sí que empezaron a llegar llamadas preguntando», señala Ares. A pesar de esta atención, Antón Ares reconoce que ha sido un proyecto complejo, especialmente por retos como la instalación de la grúa en pleno casco urbano. No obstante, no descarta repetir la experiencia: «Sí, la repetiría, sobre todo ahora que he aprendido tanto. Pero me lo pensaría dos veces, especialmente por los plazos de ejecución, que son difíciles de controlar».

Una ampliación legal, polémica y defendida por Patrimonio

El aspecto exterior del edificio no ha pasado desapercibido. El proyecto ha recibido críticas por el contraste entre la construcción original y los módulos añadidos. Jorge Vázquez, arquitecto de Dousdevinte y autor de la intervención, defiende el diseño elegido: «Sabemos que hay gente a la que no le gusta, pero estamos muy satisfechos con el resultado».

El diseño presentado y aprobado por Patrimonio —dependiente de la Xunta— apostó por una solución distinta, más rupturista: una fachada plana, marrón, sin adornos, que contrasta radicalmente con la arquitectura del edificio original. Vázquez explica que se propusieron alternativas más conservadoras, pero que fue Patrimonio quien aprobó esta opción más moderna.

marcos míguez

Esta apuesta se ampara en la Carta de Venecia de 1964, un documento clave en la conservación del patrimonio, que recomienda que las nuevas intervenciones se distingan claramente de lo original para no falsear el valor histórico de los inmuebles. En este sentido, Francisco Díaz Gallego, concejal de Urbanismo, Rehabilitación y Vivienda, defiende la obra, señalando que «la parte nueva está bien resuelta» y que no tiene nada que ver con otras ampliaciones más discutibles llevadas a cabo en décadas pasadas.

A pesar de ello, no todos valoran positivamente esta decisión. Ruth Varela, presidenta del Colegio de Arquitectos de Galicia en A Coruña, advierte que el auge de soluciones prefabricadas e industrializadas puede llevar a un «proceso de homoxeneización e normalización urbana que provoca o rexeitamento da cidadanía, en tanto que a cidadanía non se ve recoñecida culturalmente neste tipo de solucións edificatorias», explica. Alfredo Vigo Trasancos, catedrático de Historia del Arte en la USC, va más allá y califica la intervención de «horror» que «puede crear tendencia». «Siempre es preferible no subir en altura», afirma.