JAVIER ARMESTO
27 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Tiene narices. Quienes han permitido durante años el caos arquitectónico en que se ha convertido Galicia se felicitan ahora por un acuerdo «trascendental e histórico», en palabras del propio conselleiro. En este país es imposible pasear la vista por cualquier rincón del paisaje sin toparte con una construcción, y a los políticos lo único que les preocupa es si el ladrillo está a la vista o la fachada está recubierta de mortero monocapa. No queda un ferrado sin edificar y siguen proyectándose macrourbanizaciones, como en Sada o Miño. ¿Benidorm? No, Galicia.