De los 7 a los 71 años: una marea femenina que reivindicó el deporte compartido a través de las pistas forestales de Bandoxa
18 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En el corazón de la comarca, donde el verde de Galicia se vuelve más denso y el agua del río Mendo dicta el ritmo de la vida, algo está cambiando. No es solo el paso de las estaciones, sino el eco de cientos de pasos que reclaman su lugar en la montaña. El III Encontro Feminino de Trail Running e Sendeirismo, celebrado en el marco del 8M, ha dejado de ser una simple marcha para convertirse en un símbolo de empoderamiento, comunidad y protección del patrimonio natural.
Lo que comenzó hace tres años como una pequeña semilla en la mente de Lidia García Gil, una corredora de ultradistancia que buscaba su sitio en un mundo a menudo solitario, ha florecido en un evento masivo. Este año, la respuesta fue abrumadora: 152 mujeres se calzaron las botas para recorrer los 10 kilómetros que separan Bandoxa de Oza dos Ríos. «Sacamos un cupo de 150 plazas y casi un mes antes ya estaban completadas», explica Lidia con una mezcla de orgullo y gratitud.
La iniciativa nace bajo el paraguas de Asaltamontes Female, un proyecto que surgió en Vigo. La premisa es tan sencilla como necesaria: crear un espacio donde las mujeres puedan disfrutar del deporte en la naturaleza sin miedo. Lidia, que se unió hace tres años tras sentirse aislada en las competiciones de montaña, lo tiene claro: «Todavía hay sustos cuando una mujer sale sola. Nace de la necesidad de decir: puedo encontrarme con otra mujer que me acompañe, que podamos ir juntas, y no quedarme en casa porque me da miedo ir sola». El movimiento ya no conoce fronteras; se extiende por España, Portugal, México y Brasil.
Ese espíritu de hermandad fue el motor de una jornada que arrancó en Bandoxa. El recorrido no fue elegido al azar. A través de pistas forestales y tramos mágicos a la vera del río Mendo, las participantes descubrieron rincones de Oza-Cesuras que incluso las propias vecinas desconocían. «La participación fue absoluta de gente de aquí que no conoce estos montes, esta zona rural», comenta la organizadora.
La verdadera victoria de esta andaina no se midió en el cronómetro, sino en la diversidad de sus protagonistas. Entre la marea de senderistas destacaba una vecina de Oza de 71 años que completó el recorrido íntegro, llegando a meta con una sonrisa que desafiaba cualquier prejuicio sobre la edad. «Nuestros recorridos siempre son pensando desde la más joven a la más mayor, porque venían niños también», señala Lidia.
La inclusión también tuvo nombre propio con la presencia de los Marines de Enki. La colaboración del Concello de Oza-Cesuras fue clave este año, facilitando autobuses y logística que permitieron que el evento diera un salto cualitativo.
Para Lidia y su marido Pablo, que llegaron a esta tierra hace siete años como «foráneos», este proyecto es una declaración de amor a su hogar adoptivo. De esta experiencia ha nacido el Club Monte do Gato, una entidad que busca dinamizar la zona y proteger su esencia. «Queremos que la gente vea que aquí hay comercio, que estamos unidos, que hay que mantener la esencia del pueblo y reactivar el patrimonio natural», afirma con rotundidad.