Encrucijada vegetal en Mesón da Auga

Denuncian la caída de ramas sobre las casas, pero la dueña de los árboles alega que estaban antes y además catalogados


Oleiros / La Voz

Muchos conflictos nunca llegan a una solución porque se debaten desde planos diferentes. Encontramos un ejemplo en la urbanización de Mesón da Auga, en Oleiros. La primera hilera de adosados a mano derecha sufre la invasión de la arboleda de la finca anexa, una parcela con una gran villa construida hace casi dos siglos. En los patios de las casas modernas llueven ramas, azuzadas especialmente con los últimos temporales. Por suerte, los episodios más graves se remontan a más de un decenio. «En el 2009 cayó un árbol grande y me llegó hasta la ventana, tiró el muro, y bueno, el seguro se hizo cargo», relata Mari Carmen López. Su vecina Camino González también ve la frondosa arboleda como una amenaza. En su patio, el viejo muro se ha caído y ha tenido que colocar una tupida red metálica. Tiene una hija pequeña. «No me gusta que esté fuera porque cualquier día le puede caer algo encima. Realmente no puedo disfrutar del jardín», se lamenta. «Le hemos llegado a ofrecer a la dueña de la finca la posibilidad de que nos deje podar a nosotros, costear la poda de la parte que nos afecta, pero nos ha dicho que no», señalan en el vecindario de Mesón da Auga.

Cruzamos el muro para hablar con una de las propietarias de la vieja finca. Y es entonces cuando se percibe lo complejo del caso, el análisis en planos totalmente diferentes a uno y otro lado. Porque mientras el vecindario colectivo alude a una cuestión de espacio (invasión de los árboles en las líneas de sus casas), desde este otro lado se habla de tiempo. «El muro y los árboles ya estaban mucho antes, precisamente esa urbanización se está cargando un muro de 180 años porque no les han hecho salida de aguas y toda la humedad de sus patios se acumula en él», explica Tatiana Rodilla, quien matiza además que en el 2009 no fue un árbol lo que cayó sino una rama, «grande, eso sí, pero una rama».

Tatiana Rodilla explica que los árboles están catalogados y no se pueden tocar
Tatiana Rodilla explica que los árboles están catalogados y no se pueden tocar

«Ni yo los puedo tocar»

El recelo a la hora de permitir talar a los vecinos obedece a las características especiales de estos árboles. «Una buena parte están catalogados, si uno cae tengo que avisar, ni yo los puedo tocar, porque el día que lo echen en falta a mí me multan», añade Tatiana. Así que la finca Santa Bárbara -así se llama este espacio coronado por una gran casa indiana-, tiene impuesta una protección integral que afecta a los jardines y muros exteriores. «De hecho, Carreteras quiso retranquear el muro cuando ensanchó la N-VI pero no le dejaron», añade Tatiana. No ocurrió lo mismo con la construcción de la urbanización, que se levantó pegada al muro transversal sin dejar el margen de 50 metros de protección que establece la Ley de Patrimonio de Galicia.

Este periódico ha intentado conocer sin éxito la versión del Concello de Oleiros. Los vecinos de Mesón da Auga, que han sufrido un sinfín de problemas en sus viviendas, han llamado a las puertas municipales regularmente para intentar resolver el peligro que generan los árboles.

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