«Nosotras somos las jefas del bar»

Solas al frente de sus negocios, Beatriz López, Karina Martínez, Rosa Ferreiro, Amalia Souto, Fátima Aguete y María Cabezas coinciden en que el oficio de hostelera «curte mucho»


a coruña / la voz

Son mujeres con carácter. De las que reman duro y plantan cara al que no las toma en serio tras la barra del bar. Curtidas y currantas, han logrado levantar sus negocios a base de mucho pelear. En la plaza de María Pita, territorio neutral, nos tomamos un vino con Beatriz López, de O Bikiño (calle San José); Karina Martínez, del Degustación (Matogrande); Rosa Ferreiro, de A Cunquiña (plaza del Humor); Amalia Souto, de El Bajo de Amalia (plaza de la Constitución); Fátima Aguete, del Bule Bule (plaza de las Atochas), y María Cabezas, de La Gata (plaza de Azcárraga).

Amalia llega con una ristra de ajos. Es para protegerse de las vicisitudes que les brinda el día a día. Y es que este oficio «te curte» sí o sí. En eso, todas coinciden. Por el medio se cuela la cadela Mía, que se apachorra feliz entre cuncas, copas y jarras. Será porque este ambiente de buen rollo le suena de O Bikiño.

«En A Coruña hay mujeres como nosotras, que somos las jefas del bar, en un sector aún muy masculinizado», comenta Karina Martínez, «y todavía estamos peleando para que los proveedores nos atiendan con la seriedad que atienden a un hombre hostelero». Este es uno de los problemas que tienen. Dice Bea López que «muchas veces escuchas insolencias que sabes que, si fueras un tío, no te las iban a decir. O vienen a intentar ligar contigo cuando estás trabajando. Esto no es un prostíbulo. Esto es un local de hostelería». A la única que no le pasa eso es a Rosa Ferreiro, porque A Cunquiña es un matriarcado, que son tres mujeres y las tres se llaman igual. Con razón lo conocen como «el bar de las Rosas». Y si entra alguno un poco sobrado, «le decimos termina la taza. No eres bienvenido aquí», cuenta Karina que, al principio de montar su cafetería en Matogrande, le preguntaban por su jefe. «Cuando decía la jefa soy yo, me contestaban¿Y tu marido?». O sea, dan por sentado que tienes que ir caminando al lado de un varón. Solo podías ser la hija, o la empleada, o la amante o la novia de...».

En esta vida les ha tocado luchar. «Somos mujeres fuertes y nuestra personalidad traspasa la barra», señala Amalia, y apostilla Bea: «Los clientes son los que nos dan la fuerza. En eso somos afortunadas». Rosa replica: «Pero millonarias no somos, ¡eh! A mí me tienen dicho: ¿Qué, una carretilla para llevar los cuartos?”. Será una carretilla para llegar a fin de mes con los sueldos, la Seguridad Social, los proveedores, la luz, el agua, la renta…».

«Me crie en un bar y esto me gusta». La frase la repiten todas. La guinda es de Amalia: «Esto es vocacional. Casi todas hemos tenido otras opciones, pero ¿qué sería de la gente sin un bar? ¿Qué sería de todos sin un sitio donde reírse y desconectar?». Pues eso.

«Hoy A Coruña se mantiene gracias a Inditex, las cuatro fábricas que hay y la hostelería»

Seis hosteleras comparten sus inquietudes en el Día de la Mujer Trabajadora. «Vivimos un momento en el que hay mucho susceptibilito al que le molesta todo, pero chico, nosotras pagamos nuestros impuestos», afirma Beatriz López, de O Bikiño.

Todas defienden el oficio por el valor turístico y económico que genera a la ciudad. «Hoy A Coruña se mantiene gracias a Inditex, las cuatro fábricas que quedan y la hostelería», comenta Rosa Ferreiro, de A Cunquiña. «Y algo importante», se pone seria Beatriz, algo poco habitual en la risueña tabernera de la calle San José: «A Coruña tiene un atractivo turístico que es el ambiente en la calle y esa costumbre de ir de vinos». 

«Generamos dinero y alegría»

Habla Karina Martínez, de la cafetería Degustación: «¿Qué industria queda en A Coruña? Yo tengo ocho empleados. Debería de haber más ayudas para la hostelería, porque somos los que generamos puestos de trabajo». Rosa interrumpe: «¡Y dinero!». Y Bea: «¡Y alegría! Es que somos un atractivo turístico y damos alegría a las calles. A pesar de eso, cada día nos aprietan más. Renuncias a muchas cosas por algo que te gusta, pero es duro». De hostelería habla, y con pasión, Amalia Souto, que regenta El Bajo de Amalia, un bar de la plaza de la Constitución que «antes lo tuvieron mis padres 40 años». Reivindica el papel de los hosteleros para revitalizar la Ciudad Vieja, en la que nació, y recuerda que ella hacía, «pagada por mí, alguna fiesta en la plaza y me lo han prohibido... Pedía permiso, pero nunca contestan, ponen dos mil trabas y así es imposible. Muchos impedimentos». Y remata: «Una hostelería controlada es buena para la ciudad».

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