Largo peregrinaje con la imposible misión de encontrar piso

Renuncio a Fonteculler, pero repito la misma suerte en Vilaboa y A Corveira. Difícil vivir aquí sin comprar


Culleredo / La voz

-Hola, estoy interesado en instalarme en Fonteculler en un piso alquilado.

-¿En Fonteculler? ¿De alquiler? Mnnn, mira, mejor te digo todos los pisos que tengo en alquiler, Sada incluido, y acabamos antes. Total, son siete.

Llevo semanas buscando un piso de alquiler en Culleredo y la oferta es tan rácana que me he visto obligado a cambiar de objetivo. Pero claro, Fonteculler no es un caso aislado y los barrios vecinos de O Burgo, A Corveira y Vilaboa tampoco andan sobrados para rentar. Además de poco, en ocasiones se descubre que la oferta de Internet no es real. Ejemplo: pregunto por un piso en Vilaboa de dos habitaciones con la intención de pasar a verlo. Tiene buena pinta. Pero, sorpresa: «Ahora mismo no te lo puedo enseñar, quedará libre en marzo». ¿Y si veo otro antes que me guste más? Bueno, con la oferta tan pírrica sería un milagro. Pero todas las inmobiliarias animan a actuar sin esperar. «Estos pisos los acaban de visitar, no te demores mucho si alguno te gusta». Lo recomienda un atento vendedor de Vilaboa. Los pisos en cuestión están algo apartados de la zona más poblada. El mejor acondicionado se ubica casi al final de la avenida ya encarando la curva hacia el aeropuerto. Son 400 euros por tres habitaciones y un edificio bastante bien acondicionado. Pero en el ostracismo de un lugar justito de servicios en el que hay que recorrer toda una avenida. Queda descartado. El siguiente está algo más céntrico (no mucho), pero es oscuro como un atardecer de invierno. Vale lo mismo, pero atrae menos. Descartado también. «Los pisos se empiezan a vender, pero alquileres, nada, hay muy poquitos y desaparecen pronto», insiste el vendedor.

Volvemos a probar fortuna a través del teclado. En Google hay de todo, menos pisos de alquiler en Culleredo. Probamos con otra empresa y, esta vez, la que ya no está es la propia inmobiliaria. Lo dice una voz femenina que, al mismo tiempo, asegura que tiene una cartera de pisos. «No, en la calle Conduzo ya no queda nada». Qué pena, el listado era amplio. Ofrece entonces uno de dos habitaciones (en realidad lo busco de tres, pero podría apañarme) en la calle Conde de Andrade. Pregunto si puedo ir a verlo al día siguiente y entonces sufro un deja vu. «No, lo siento, no queda libre hasta marzo».

Toca pasear con el cuello en alto. «Se vende», «Se vende», «Se alquila oficina»... A Corveira ofrece unos cuantos bajos para abrir negocio, pero alquileres de vivienda cero. La desesperación llega al punto de intentar cambiar los planes de los propietarios. Marcamos tres teléfonos de «se vende piso» y les rogamos un régimen de alquiler. Dos se mantienen inamovibles, pero en el tercero no pinchamos en hueso. Está en la Avenida da Corveira. «Pues podría ser, la verdad, porque veo que alquiler no hay mucho». Me previene de que no está amueblado. «Con Ikea no es problema», le respondo. Pero no pasa el filtro, apenas tiene 50 metros, muy pequeño para cuatro personas. Pero le agradezco la flexibilidad.

Una vecina de casa baja me cuenta que su nieta acaba de alquilar muy cerca «y de milagro». «La gente quiere vivir en A Corveira porque tenemos de todo», dice mientras me señala la parada del bus a A Coruña.

Tocará cambiar de destino porque aquí es más fácil encontrar un unicornio. Repasando las calles se nota que faltan alquileres y sobran grafitis. A pocos metros de donde he aparcado el coche, A Corveira me despide con una curiosa ironía: una ferretería que se llama Aluguer. «Si home si».

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