Luis Freire, los «boletus», la sabiduría


Recuerdo a Luis Freire García (1914-1997) como solo es posible recordarlo, con su uniforme habitual: pantalón de vestir, polo claro de cuello cisne y chaqueta. Recorría a su lado los montes de Orro (Culleredo) mientras él observaba una pequeña seta amarilla, Cantharellus cibarius, con aquella mirada analítica clavada en el hongo y con la primera lección en los labios: «Un cantarelo, extraordinario. No lo confundas con el falso cantarelo, que es parecido aunque muy inferior». Yo era muy pequeño, pero aprendí enseguida que las rúsulas comestibles se pueden catar en crudo para comprobar si son acres o que el boleto bueno no azulea al pasarle el dedo bajo el sombrero. Después, su segunda lección, todavía más importante: «Cualquier persona que posea un conocimiento tiene la obligación de transmitirlo».

Biólogo y micólogo, le sobró tiempo para publicar más de cuarenta artículos y cuatro libros sobre setas pese a haber empezado la carrera de Bioloxía, en Santiago, a los 57 años. Después sería profesor en esa facultad. A sus clases se asistía de pie «porque no se cabía», recuerda siempre Marisa Castro, la compañera de Luis y también micóloga de prestigio. A los alumnos se los llevaba al monte. «¿Dónde, si no, se puede aprender de plantas y setas?», argumentaba Freire con un sentido del humor impagable y aquella risa contagiosa? Un día lo saludamos en el puente de A Pasaxe. Él iba corriendo a buen ritmo -con el uniforme oficial, claro-, mientras mi familia y yo estábamos en el coche, detenidos en medio de un gran atasco.

-¿Te llevamos a algún sitio, Luis?

-No, que tengo prisa.

El talento es un mérito que se perdona mal en nuestro país, así que no le duró mucho su magisterio en la universidad. Pero a veces la sabiduría se abre camino con la maza implacable de la erudición aunque otros no quieran. El resultado asombra. El catálogo de setas de Galicia incluía seiscientas hasta la irrupción de Luis; hoy tiene unas dos mil, después de que él elevase su número en varios centenares, con el hallazgo para la ciencia de tres nuevas especies: Psathyrella ascarioides, Amanita porrinensis y Gyroporus ammophilus. Además, Freire fue miembro fundador de la Sociedade Galega de Historia Natural, del Grupo Botánico Galego, del Grupo Micolóxico Galego y de la Asociación de Amigos de la Casa de las Ciencias, que hace dos años le dedicó una placa en Santa Margarita.

En esta época del año, Curtis, Sobrado, Orro? están repletos de setas, y por allí llevo al monte a mis hijos para que aprendan a identificar la Russula cyanoxantha, el Boletus edulis y, cómo no, los auténticos cantarelos. Y les hablo de mi viejo amigo Luis, seguramente porque tengo el conocimiento de lo que supuso para Galicia y me siento en la obligación de transmitirlo.

Autor Alfonso Andrade CORUÑESAS

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