Cataratas en el garaje de casa

Toni Silva CULLEREDO / LA VOZ

CULLEREDO

Toni Silva

Un aparcamiento de Fonteculler lleva 20 años con graves filtraciones de agua

08 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El concepto «humedad» tiene una nueva versión en un rincón de Culleredo. Los garajes de la plaza de Santa Gema, en Fonteculler, transpiran agua. Como si la ría de O Burgo se colase por todo el subsuelo hasta desembocar en este recinto de 75 plazas de coches. La humedad aquí se recrea dibujando formas propias del pincel de Edvard Munch o las caras de Belmez. El agua genera charcos a los pies de los neumáticos. Diseña colecciones de gotas permanentes que parecen estalactitas. Y sobre todo, irrita mucho a los vecinos que cada día estacionan aquí sus vehículos. El surrealismo llega al extremo de que algunos propietarios han diseñado protecciones para los coches que duermen a cubierto. Los hay rudimentarios, como un plástico sostenido con un palo por el lado de la lluvia interna. Otros, en cambio, han desarrollado sofisticados toldos para proteger sus coches del agua que filtra la techumbre. Es el caso de Celestino Balsa, cuyo apellido suena como una ironía en el garaje de su casa.

El problema es una herencia del siglo pasado. Desde los inicios, por filtración de una plaza cuya titularidad -privada de uso público- ha servido al Ayuntamiento de Culleredo para encogerse de hombros. «Es una vía privada», señalan fuentes municipales. El vado se colocó en 1993, y ya entonces comenzó a llover dentro del garaje. Y llovió mucho desde entonces. Gobernaba el país Felipe González. De alcalde, en cambio, Julio Sacristán. Los vecinos recuerdan su visita hace cuatro años, «antes de las elecciones municipales del 2011». «Que se iba a arreglar, nos dijo», sentencia Isabel Dubra. Pero en este último mandato el agua solo desaparece en verano o en los inviernos secos. Desde el Ayuntamiento, señalan que no les queda más que ser testigos del problema. «El procedimiento a seguir en esta actuación viene determinado por cuestiones de índole jurídica y técnica que no solo dependen del Ayuntamiento», recalcan. «Somos sensibles a la situación de los vecinos de esos bloques de edificios de Fonteculler y colaboraremos con ellos en la medida de lo posible para poder encontrar una solución». Pero en el vecindario cuesta entender que el Concello se encargue del mantenimiento de la plaza pero no así de un problema estructural tan grave que ellos achacan a la zona ajardinada que corona sus garajes.

Hace poco más de 20 años, en diciembre de 1994, entró por registro en el Concello la primera carta de protesta de los vecinos. Reclamaban la presencia de operarios. «La humedad del techo se va haciendo cada vez más extensa y se está produciendo un gran deterioro», rezaba la misiva. Y desde entonces, la humedad se ha adueñado no solo del garaje sino del humor de vecinos como Avelino Acuña: «Me come el demonio cada vez que oigo llover».