Monumentos al olvido

Ana Lorenzo Fernández
Ana Lorenzo A CORUÑA

CULLEREDO

FOTOS: KOPA, NATALIA MONJE, NOELIA GONZÁLEZ

Reportaje | Limpieza del mobiliario urbano El verdín, el óxido y los excrementos de pájaros cubren la mayoría de las estatuas del área metropolitana, que presentan un evidente estado de abandono

07 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?unque fueron creadas para recordar a los emigrantes, pescadores, guerreros o célebres personalidades, ahora nadie se acuerda de ellas. La mayoría de las estatuas que adornan las zonas verdes del área metropolitana permanecen en el olvido de los dirigentes políticos, que, curiosamente, sí tienen muy en cuenta los jardines en los que están asentadas y que son mimados diariamente por los operarios del servicio municipal de limpieza. El óxido, el verdín y los excrementos de pájaros se han convertido en los nuevos vestidos de estos monumentos, ya de por si castigados por las condiciones meteorológicas y su proximidad al mar. El núcleo cullerdense de O Burgo es el que reúne un mayor número de esculturas y también las que presentan el estado más lamentable. Destaca la obra de Ramón Conde de una mujer en un columpio y situada justo debajo del puente de la autopista. Es tal el número de deposiciones de gaviotas que la cubre que, en lugar de tener un color bronce, cada día aparece más blanca. Cerca del paseo de O Burgo está el monumento que levantaron los alumnos de una escuela taller de Culleredo y que se está descascarillando, dejando a la vista una gran cantidad de óxido. En igual situación se encuentra la escultura conocida como Tregua , y en la que una espada atraviesa un rosal, que ha perdido su tono rosa para adoptar el color del orín. Piedra Las esculturas de piedra sufren todas del mismo mal: la aparición de verdín. En aquellas zonas donde el sol aprieta con más intensidad, estas hierbas han pasado de su color original a tener otro más amarillento, como sucede en O Paraugas. A pocos metros de este monumento, se encuentra una fuente que también recuerda a este utensilio para protegerse de la lluvia y donde el agua dejó de brotar hace años. De hecho, en el líquido estancado navegan manillares de bicicletas, latas, jerseis e, incluso, parte de una banqueta. Todos están todos cubiertos de lodo, el mismo que también se puede apreciar en la ría de O Burgo cuando baja la marea.