PLAZA PÚBLICA
11 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.ESTO de conseguir que las administraciones te aprueben, presupuesten, concursen, realicen e inauguren -tras sus reformados más o menos convenientes- una obra que sigue llamándose pública, es deporte por el que más se compite entre los políticos de todo nivel. Cuando no lo consiguen, siendo algo lógico y necesario, suelen explicarlo echándole la culpa al agotado presupuesto -quizás, para el año que viene...- y hasta a las preferencias partidistas aludiendo al color del que decide. Pero nadie se acuerda de otros pequeños factores que suelen resultar determinantes: amén de acertar el momento oportuno de pedir, el allanamiento de inconvenientes soplando todos a una del mismo lado. Objetivamente, nada hay más cómodo para una administración indiferente como tropezarse con un tema en el que siguen discutiendo los que debían allanar caminos: se aparca el proyecto y con su presupuesto se atienden otras peticiones, que siempre hay cola. Pues, no sé a ustedes, pero a mí me da en la nariz que la ampliación de obras de Alvedro se va a posponer: ¿Tendrán algo que ver las contiendas municipales y autonómicas? Así, y en otros muchos casos, no hay forma de que «las obras sean amores».