Como nos gusta presumir, la ciudad se pone de tiros largos para recibir visitas
31 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Como nos gusta presumir, la ciudad se pone de tiros largos para recibir visitas. No era un lunes cualquiera y este se vivía con las terrazas de la Marina repletas, el paseo lleno, los columpios también, las plazas alegres, las dichosas campanas de María Pita repicando a su hora. Las visitas llegaban de Vigo y asistían con cierta sorpresa a nuestra jornada de puertas abiertas. «Solo» era lunes y algunas zonas del centro parecían la nueva tienda de Zara Home en plena reinauguración, aunque menos minimalista y sin Marta Ortega, claro. En Madrid se queja Ayuso de que a los madrileños no les queda otra que apelotonarse porque Moncloa no les deja salir. A ver si aquí nos pasa lo mismo pero sin franceses, fiestas ilegales y con más mascarillas. No nos dejan ir a las Rías Baixas pero nos da el mar por dos costados, como para desaprovecharlo.
Somos así. Nos abres una terraza y hacemos cola. Amplías el horario y nos apoltronamos en la silla hasta las nueve en punto si hace falta. Somos de puertas afuera, de calle, de cañita y de paseo. No lo podemos remediar y nos hemos subido por las paredes demasiado tiempo, probablemente, como para que ahora nos frene una más que recomendable prudencia. Esa que hace saltar las alarmas cuando vemos demasiadas mascarillas bajadas, grupos sospechosamente grandes, cuando escuchamos cánticos calle arriba al filo del toque de queda. La pandemia nos deja alma de policía de balcón y/o de callejeros irredentos, en porcentaje variable según cada coruñés, porque si algo nos ha demostrado todo esto es que podemos ser una cosa y la contraria, según el día del año, el nivel de fatiga pandémica, o el número de gota que va colmando el vaso de cada cual.