Los muelles-embarcaderos de hierro

Se construyeron en 1869 y fueron los primeros que se hicieron en España


Durante 47 años fue una de las imágenes emblemáticas de la fachada marítima coruñesa. Miles de personas pasaron por él y cientos de acontecimientos, alegres o dramáticos, intrascendentes o importantes, festivos o de trabajo, ocurrieron sobre sus cuadernas y pilotes. El muelle-embarcadero de hierro enclavado en el malecón de la Marina marcó toda una época.

El ingeniero jefe de Obras Públicas, Celedonio de Uribe se quejaba a comienzos de la década de 1860 de que un puerto como el de A Coruña, con las ventajas que ofrecía al comercio y transporte marítimos, careciese de medios y muelles para las operaciones de embarque y desembarque de mercancías y personas. Tras varios intentos fallidos fue él el encargado de remediar esa situación. Su proyecto inicial consistió en la realización de un relleno portuario, por tramos, y un malecón que iría, siguiendo la línea de bajamar, desde la punta de O Parrote hasta la batería de Salvas. Atendiendo las peticiones coruñesas, suprimió el primer tramo del relleno, reemplazándolo por una dársena. Las obras del malecón comenzaron en 1861, pero las de la dársena no se iniciarían hasta 1907.

Como complemento del malecón, Uribe diseñó dos muelles-embarcaderos, uno de 200 metros de longitud total y 10,5 de ancho que se colocaría enfrente del edificio de la antigua Aduana (hoy Subdelegación de Gobierno) para servicio del comercio en general, y otro más pequeño de 100 metros e igual anchura que debía ir frente a la calle de Santa Catalina para el cabotaje; ambos rematarían con una plataforma de 30 metros de largo el primero y 20 el segundo, y de un ancho de 17. Estos muelles estarían formados por pilotes de hierro, con roscas y otras piezas del mismo material, y un piso de tablones de madera calafateada. Serían los primeros que se harían en España de este tipo, fruto del desarrollo de la revolución industrial. El proyecto de los muelles fue aprobado por el Gobierno en 1862, pero su construcción se retrasó. Además, la escasa industrialización española obligó a importar todo el material de hierro y la maquinaria que sería suministrada por la empresa Mac-Lellan de Glasgow en Escocia.

En abril de 1869 se empezó con el hincado de los pilotes del muelle de la Aduana que quedaría concluido ese mismo año. Después se completó con carriles y carros para el transporte y un tinglado y una casilla para su servicio. El segundo de los muelles se cambió de ubicación. Se montó en A Palloza, al lado de la fábrica de tabacos, para aprovechar su cercanía a la estación de ferrocarril de A Gaiteira con la que se conectó mediante una línea de vías. En este caso se instalaron en su cabecera una grúa de 30 toneladas de fuerza y en los costados otras dos grúas de 3 toneladas de fuerza para carga y descarga de mercancías pesadas. El paso del tiempo y los cambios portuarios hicieron que estos muelles-embarcaderos fuesen derribados. El primero en caer fue el de A Palloza en abril de 1902; más tarde, en junio de 1915 sería demolido el de la Marina.

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