Diego Ventura (3 apéndices), El Fandi (3) y Fandiño (2) salieron a hombros en una tarde de toros que el público agradeció con excesiva generosidad
05 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Si los toros tuvieran cinco orejas, cinco les darían. Pasma ver la generosidad del público coruñés a la hora de ondear el pañuelo. Pero es lo que hay y el despiporre de apéndices es ya seña de identidad de esta plaza, que ayer tuvo una media entrada para disfrutar de la primera corrida de las fiestas del Rosario. No se pidió penalti, pero casi.
El que menos orejas se llevó fue quien mejor faenas hizo. Si bien en otros cosos no se hubiese llevado ni el pelo de un bigote, Iván Fandiño, que es como de la casa, hizo más méritos que sus compañeros de cartel para llevarse más trofeos. Se llevó dos. Uno por cada toro. Pero en el último mereció más. En su primero intentó guisar una faena aceptable, pero enfrente tenía a un indolente. Era misión imposible. Mejor suerte tuvo con el segundo. Ahí sacó más. Con un morlaco más inquieto, tuvo gestos y pases de ídolo. Y en los toros no es ídolo cualquiera; lo fue El Tato, al que le amputaron la pierna sin cloroformo mientras se fumaba un puro. Ídolo fue también Frascuelo, que el día de la corrida se lavaba los testículos en el pilón de los caballos y la hinchada de entonces iba a verlo porque los tenía como sandías. Cuentan los libros. Fandiño fue el único al que se le vio alguna que otra cosita bonita y torera.
El Fandi es otra historia. Le gustan las florituras. Eso de mirar al tendido, besar el cuerno al toro, lo que haga falta, pero eso de torear, eso de traerse al animal y ligarle los pases, aquello de parar, templar y mandar cargando la suerte, que es el arte, que se lo pidan en la tumba a Belmonte o a El Gallo. El toreo que llamamos bueno no le salió. Y eso de pegarse al toro tampoco. Hubo vecinos de Matogrande que pasaron más cerca del animal que ayer El Fandi. Toreó desde el párking y eso está muy feo. Todo su quehacer constituyó un incansable trajinar, un continuo sobresalto. Eso sí, ante un bruto más lento que el caballo de Foto Paco. Esos rodillazos, esos alborotos y esos estatuarios mirando al tendido son, en realidad, bastante horteras, pero consigue el efecto rápido de impresionar al público. Lo hizo en su primero y repitió en su segundo. Desorejó a sus toros porque le ayuda mucho ser uno de los que mejor entra a matar. Lo clava.
En cuanto al rejoneador Diego Ventura, que parece que ya camina por los arcenes de la tauromaquia, más de una caña de cerveza le debe al presidente por darle dos orejas en su segundo. Vale que la vistosidad y el arte del cabello emociona, y que Ventura es de los buenos, pero no por mucho saludar amanece el toreo. Sus faenas fueron vistosas, de recreo, pero el rejoneo es algo más.
feria taurina de nuestra señora del rosario