La rapidez de los ladrones de Calvo impidió dar la alarma

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

Caminaron hasta la joyería con una pata de cabra en la mano, y solo uno de los relojes que se llevaron cuesta 40.000 euros

21 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

La rapidez con la que actuaron los dos atracadores de la joyería Calvo impidió que el personal activase las alarmas. La tienda, recientemente remodelada, cuenta con fuertes medidas de seguridad. Cuenta con cámaras, cristales blindados, la puerta tiene un mecanismo de bloqueo similar al de los bancos y dispone de un sistema para llenarla de humo en unos 15 segundos.

Pero los ladrones lograron burlar esos dispositivos. Golpearon un sábado de puente, justo a primera hora, cuando aún no se había podido activar el bloqueo de la puerta. Aprovecharon que el propietario acababa de salir y solo estaban dos dependientas en la tienda y, sobre todo, actuaron a toda velocidad.

Fueron grabados avanzando por la calle con la pata de cabra que utilizaron para reventar cuatro vitrinas. Tan pronto entraron, uno de ellos saltó sobre el mostrador y golpeó en la cabeza con su pistola a una encargada. Apuntó contra ella y su compañera mientras les exigía en inglés que mantuviesen los ojos cerrados y se alejasen de los mostradores para impedir que activasen las alarmas. Mientras su compañero reventó las vitrinas que protegían los relojes de las marcas Cartier e IWC Schaffhausen. El importe de lo robado está por determinar y el personal de la joyería todavía hacía ayer inventario de las pérdidas. Serán muy elevadas, solo uno de los Cartier costaba más de 40.000 euros.

Después de limpiar a conciencia las cuatro vitrinas que guardaban los relojes de esas dos marcas, en las que solo dejaron por descuido uno de los Cartier más baratos (5.400 euros), huyeron a la carrera en dirección al Orzán. Allí les esperaba un compinche al volante de un Volkswagen Polo alquilado con el que continuaron la fuga.

El anterior atraco en la joyería, perpetrado en el 2010, también ocurrió un sábado a primera hora. Es un momento vulnerable para las joyerías, ya que apenas hay clientes, transeúntes o policía en las calles.