Cantareiras con tradición

A CORUÑA CIUDAD

Madre e hija cantan, bailan y tocan la pandereta en Xacarandaina, una asociación en la que la más joven de estas dos mujeres también da clases

22 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«No noso caso non podemos falar de paus e estelas, senón de estelas e paus, porque eu empecei despois que a miña filla», aclara Blandina Fernández justo al empezar a hablar. Se refiere a que ella asistió a clases de pandereta y baile en la asociación coruñesa Xacarandaina, una de las más antiguas de Galicia, cuando su hija Saleta «xa se defendía».

Pero aunque Blandina intenta restarse méritos, lo cierto es que ella ya llevaba el folclore en la sangre mucho antes de que Saleta llegase al mundo. «Meu pai andaba sempre coa pandeireta dun lado para outro. Sempre cantou e bailou e os días de festa ían el e a miña nai, despois de recoller todo na casa, a botar o último baile diante da orquestra. Bailaban de maravilla a muiñeira vella», recuerda. Y así, de José Fernández Vecino y de Solina Pazos López, le llegó a Blandina su afición por la música y la danza tradicional. «Sempre me gustou, pero aos 16 anos marchei para A Coruña e o único grupo que me soaba era o de Cantigas da Terra, e estaba moi lonxe de onde eu vivía, así que non cheguei a apuntarme ás clases», explica.

Nunca olvidó su afición y lo cierto es que se la inculcó a su hija Saleta. «Todo o mundo dí que temos a mesma voz cando cantamos», afirma orgullosa la pequeña. La más joven de las pandereteiras de Loroño empezó a acudir a clases de baile con solo cuatro años. La pandereta llegó poco después y a los seis comenzó a asistir a los cursos de Xacarandaina.

«Cando a nena xa se defendía deume envidia ver que ela sabía tocar tan ben, así que empecei eu», cuenta Blandina mientras posa con un precioso traje tradicional muy diferente al de su hija. «O meu é o de gala e o da miña nai é o dos pobres», ríe Saleta, quien reconoce que Balbina tiene mucho que ver con su afición por la pandereta. «Eu sempre vía á miña nai tocar e quería aprender», dice.

La madre perfeccionó su estilo en la misma escuela que su hija y allí, junto con un grupo de madres, se apuntó también a clases de baile. «Alí vou a desestresarme dende hai cinco anos», explica.

Actúan juntas «nas cantadas», una especie de foliadas que Blandina recuerda perfectamente cómo eran cuando ella era muy pequeña. «Aquilo perdíuse, pero, afortunadamente, parece que agora volve con forza», añade. Aunque sí hubo un tiempo en el que subían las dos al escenario. «Cando eu bailaba, miña nai tocaba», recuerda Saleta.

Hoy siguen haciéndolo en las fiestas de Loroño, unas reuniones en las que todos los asistentes, dice Blandina, «acaban cantando». La suya explica, además de una gran familia, siempre ha sido muy cantarina, aunque su madre Solina diga que ahora no está para fiestas.

A ella, como a su hija y su nieta le gusta el sonido de las panderetas. Sobre todo cuando quienes las tocan son Saleta y Blandina, que se despide cantando el tema que más le gusta, el que habla sobre su parroquia. «Viva Loroño, aunque muera...», canta feliz luciendo su traje «de pobres».