El nuevo urólogo del hospital ha realizado una laparoscopia para tratar un cáncer de próstata, una intervención que únicamente se hace en A Coruña y Santiago
09 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El Hospital Comarcal de Valdeorras ha aumentado el catálogo de intervenciones que ofrecía hasta el momento. La última incorporación es la laparoscopia como alternativa a la cirugía abierta para tratar el cáncer de próstata.
Es una técnica que se utiliza en determinadas intervenciones y que se ha generalizado en los últimos años, aunque su empleo estaba principalmente restringido al área de la cirugía general. En lo que respecta a la urología, su introducción es mucho más reciente. Es pues, todavía, una intervención puntera que se realiza fundamentalmente en los centros hospitalarios provinciales de Santiago y A Coruña, nunca en un centro de las características del Hospital Comarcal de Valdeorras, a priori mucho más modesto en medios técnicos que los provinciales. El motivo es que se trata de una intervención «que requiere mucha especialización». Lo explica Enrique Fernández Rosado (A Coruña, 1972), el nuevo urólogo del hospital de O Barco, artífice de la primera intervención de este tipo en O Barco (aunque con varias experiencias anteriores durante su estancia de 10 años en la plantilla del hospital de A Coruña). «Cuando llegué en junio vi que el hospital estaba bien dotado», dice Fernández, así que cuando surgió el paciente idóneo no dudó en proponérselo.
«Técnicamente se le puede hacer a cualquier paciente», dice Fernández Rosado, «aunque obviamente una persona joven, delgada y con una próstata de un tamaño adecuado siempre es más idónea». En el primer caso de esta operación en Valdeorras el paciente era un hombre de sesenta años. «Se lo expliqué todo y estuvo de acuerdo», cuenta el urólogo. Fue así como se fijó la fecha. El pasado día 24. «No me correspondía el quirófano, pero tanto desde la gerencia como por parte de mis compañeros (anestesista, enfermeros...) no hubo problema alguno», dice Fernández. En aquella primera operación todo salió bien y en tres días el paciente se fue a su casa.
Pequeños cortes
La diferencia está en el corte. La clásica incisión por debajo del ombligo (lo que se conoce como cirugía abierta) se evita con dos pequeños orificios de apenas 5 milímetros a cada lado del ombligo (donde se hace uno un poco más grande). A través de los trócares se va pasando el material necesario para la intervención. «Es muy parecido a la operación tradicional, ya que consiste, igualmente, en disecar toda la próstata, solo que se hace a distancia, mirando en las pantallas -explica el urólogo- en lugar de hacerlo directamente».
Más allá de la cicatriz, las ventajas de la laparoscopia se refieren especialmente al posoperatorio. «Al ser una técnica más fina y menos incruenta, la recuperación es más rápida y menos dolorosa», explica. Lo normal es que la recuperación sea de «cuarenta y ocho horas, e incluso de veinticuatro en algunos casos». Con la cirugía abierta estos plazos se dilataban hasta un mínimo de cuatro días (y hasta una semana de ingreso en el centro hospitalario).