Crónica | El día después del San Juan en las playas Los participantes fueron menos que otros años. Y también la basura. Diez toneladas por debajo de lo habitual. Aún así, los servicios de limpieza volvieron a madrugar
24 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.67.000 kilos de basura. Ésas son las secuelas que dejó la noche más corta del año en los arenales coruñeses. Desde primera hora de la mañana, empleados de la empresa concesionaria de la retirada de basuras se afanaban, en ocasiones haciéndose sitio entre los que todavía continuaban la fiesta en los arenales, en dejar las playas en perfectas condiciones para el uso de bañistas y paseantes. Consiguieron los trabajadores dejar prácticamente vacía la playa de Riazor a las diez de la mañana, mientras que la de San Amaro no lo estuvo hasta las once y, una hora después, se dieron por concluidas las tareas de limpieza en el Orzán y la playa del Matadero. En la bruma que envolvía la costa coruñesa quedaron diez toneladas menos de desperdicios que el año anterior. Buena parte de ese importante descenso, según explicaron los que se encargaron de la vigilancia durante la noche, es atribuible al pésimo tiempo, lluvia incluida, que dejó a algunos sanjuanistas en su casa justo en el año en que la fiesta se vestía de gala con su nombramiento como fiesta de interés turístico nacional. El proceso de recogida de limpieza también duró menos que otros años por la ausencia de elementos pesados o contaminantes en el arenal. Al margen del bando dictado por el alcalde, Francisco Vázquez, invitando a la colaboración ciudadana para evitar la proliferación de desperdicios y el vertido incontrolado de sofás y otros electrodomésticos, el control se volvió más efectivo merced a la presencia de agentes de seguridad privada uniformados en cada uno de los accesos a las playas de Riazor y el Orzán. De hecho, su trabajo evitó que los participantes en la fiesta bajaran, como otros años, los contenedores de basura cargados de madera y otros materiales quemables . En el camino se quedaron 165 contenedores, que cambiaron el destino inicial del arenal por el final del camión de recogida de basura. El dispositivo montado por los servicios municipales de limpieza frenó un total de dos toneladas. Más lenta fue la retirada de residuos del resto del casco urbano. Las huellas de la larga velada que festeja la entrada del solsticio de verano provocó huellas notables en las aceras de buena parte de la ciudad. Y es que por primera vez en los últimos años, las máquinas limpiadoras llegaron incluso a circular por el interior de los soportales más próximos a la playa. La lluvia obligó a más de uno a trasladar la fiesta de la arena al cemento, en donde, también, prendieron las hogueras. Interminable Cuadrillas del servicio de limpieza vaciaban contenedores aún a primera hora de la tarde. «Y eso que llovió. Dicen que hubo mucha menos gente que otros gente que otros años. Pues menos mal», ironizaba uno de los encargados de retirar bolsas y bolsas de basura de la vía pública. Es la otra cara de la fiesta de San Juan, ya de interés turístico nacional.