Jaime Crespo: «Quería hacer un pene de tres metros y me dijeron que no»

Desde Coirós, el artista trabaja en su evolución artística que mezcla cultura gallega y dadaísmo


En El Rincón de Chelo, un dinámico centro hostelero de Queirís (Coirós), una de sus paredes acoge lo que han denominado «El rincón de la fama», donde cuelgan los recortes de prensa y obras protagonizadas por sus vecinos. Den por hecho que esta página que tienen en sus manos estará colgada en esa pared antes de que acabe el año. Porque Jaime Crespo (Coirós, 1977), además de contar experiencias y reflexiones muy interesantes sobre el mundo del arte, es uno de los vecinos más queridos de Coirós.

-Artista de formación tardía.

-Empecé estudiando Relaciones Públicas y para aprender idiomas estuve viviendo en Irlanda, Alemania e Inglaterra. Siempre me gustó dibujar, pero la formación artística no está considerada como un medio de vida en mi casa. En el 2008 comencé a trabajar como auxiliar de vuelo en Ryanair, fueron siete años con base en GIrona, Bremen y Gran Canaria. Me iba por toda Europa. Cuando me dieron el traslado a las islas comencé a acudir, con 34 años, a la Escuela Superior de Arte y Diseño.

-¿Responde a alguna clasificación como artista?

-Que me clasifique la gente. Me gusta el pop, la cultura hiphop, y soy muy ecléctico, igual te pongo a Los Panchos y luego una sesión de trance. Me gusta mezclar el Dadaísmo y la tradición gallega. Por eso ahora en vez de cuernos [está haciendo una vaca con poliuretano para la decoración de una casa rural] igual le pongo percebes. He trabajado mucho los percebes desde el punto de vista artístico. Una vez en el pedúnculo le puse púas metálicas en plan punk. También tengo una gaita en la que el fol es una estructura de alambre de espino. Entronca con la temática del autoodio. Cuando viajas por el mundo ves que la gente ama su cultura local, y en Galicia, en cambio, hay muchos que la denigran. 

-En lo que a la música se refiere, su tesis se cae un poco.

-Cuando hablas de cultura gallega musical, la gente se va directamente a las gaitas y las panderetas, pero no conocen las mezclas de tecno con lo tradicional. Muy pocos considerarían que el grupo Terbutalina sea música gallega. Hay un abanico mucho más grande que ese reduccionismo que huele a cerrado... y lo mismo ocurre con el arte plástico. Me gustaría que se abrieran las puertas y entrase aire fresco, dejémonos de elitismos. ¿Recuerdas la peli Amanece que no es poco? Alguien dice: «No leas mi libro a ver si lo vas a leer mal y lo estropeas». Pues eso ocurre con la cultura de Galicia. 

-¿Se siente provocador?

-Si te gusta hacer cosas creativas tienes que tener un punto de provocación, y no me refiero a algo violento o negativo, sino buscar una conmoción. Eso es algo con lo que te das de bruces en la academia. Yo quería hacer un pene enorme de tres metros, y me dijeron que no. Pretendía criticar la autocomplacencia del hiphop, quería transmitir eso, «quiero que me veáis el pito, me aplaudáis por lo grande que es» era el mensaje.

-De ahí vino lo del percebe.

-Sí. Buscaba la conexión de Canarias y Galicia a través del Atlántico. Y encontré el percebe, hermafrodita, que representa muy bien la sociedad gallega que me contaron, una sociedad que se hizo fuerte a base de golpes, lo mismo que el percebe: cuantos más golpes de mar recibe más rico está. Su valor culinario es pobre, lo que se paga es que quien lo recoge se está jugando la vida. Hay cosas más sabrosas que un percebe. Y esa es la misma hipocresía dentro del arte. Andy Warhol es el mayor bluf de la historia del arte. Hay quien dice que deje ya el percebe, pero es mi soporte. Solo hice una exposición. Otra cosa que no me gusta del arte es que no se explica al espectador. «Óleo sobre lienzo», no tío, explica tu obra. Por eso yo puse unos carteles tochos en mi exposición.

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