A Espenuca y su paradoja

El famoso mirador de Coirós, que promociona Turismo de la Xunta, lleva años tapiado por los eucaliptos


Coirós / La Voz

La comarca coruñesa está salpicada de contradicciones. Betanzos tiene un cine, el Alfonsetti, sin proyector. La playa urbana de Sada se llama As Delicias pero en verano más vale visitar otros arenales. Y en uno de los puntos más altos, hay un mirador desde el que apenas se puede ver nada. A Espenuca, en Coirós, está rodeado de eucaliptos que impiden disfrutar, en buena parte de los puntos cardinales, de unas vistas que se intuyen espectaculares. Por encima incluso de la ermita, en la zona donde vigila el vértice geodésico (lamentablemente grafiteado), los árboles no dejan ver el bosque ni los valles que dibuja la cuenca del Mandeo. Las webs de turismo de Galicia aluden a las «magníficas panorámicas», con un texto escrito quizá cuando los robustos eucaliptos eran apenas unas imberbes ramas poco desarrolladas.

Sobre este mirador, y buena parte de la comarca, lleva años trabajando la fundación Fragas do Mandeo, que custodia más de 250.000 metros cuadrados de bosque entre Coirós, Oza-Cesuras, Aranga y Sobrado dos Monxes. La gestión del mirador es más o menos fácil dependiendo del lugar hacia el que miremos. Porque, efectivamente, entre tanto árbol hay algún ventanal despejado. «Hacia el sur y el oeste los terrenos que colindan con el mirador son del arzobispado», relata Fernando Bandín, presidente de la fundación. «Con ellos no hay problema, cortaron hace dos años y es cierto que tienen que volver a cortar, pero siempre tienen voluntad de colaborar», explica.

Si giramos la vista hacia Betanzos nos encontramos con una gran extensión de terreno divida en 17 parcelas muy estrechas y alargadas, de unos 12 metros de ancho por 180 de largo, y una pendiente del 70 %, donde las labores de tala no son cosa sencilla.

Multipropiedad

«Fragas do Mandeo es propiedad de cuatro», explica Bandín. ¿Qué pasa con las otras 13? En total, hay diez propietarios que no comparten en su mayoría la sensibilidad medioambiental y arqueológica de los voluntarios de la fundación. Y decimos arqueológica porque este terreno que sostiene el mirador de A Espenuca es un recipiente inagotable de vestigios históricos. «Nos hemos encontrado restos romanos, hay un edificio sepulcral y suponemos que hay enterrada una necrópolis grecorromana», relata Fernando Bandín, quien lamenta que se haya llegado a este extremo por negligencia en la confección de las leyes que deben proteger estos bienes comunes de nuestra historia. Y a cada paso se topan con un conato de usura. «Algún vecino nos ha pedido precio de labradío para acceder a su parcela y, bueno, somos idealistas pero tontos no», remacha Bandín.

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