La zona del accidente, en un monte cercano a Carral, se convirtió en un lugar dantesco. Hubo quien se quitó la camisa para cubrir un cuerpo. Otros buscaban el pulso
06 sep 2015 . Actualizado a las 13:16 h.Fue algo horrible. Ahí, en pleno monte, en una corredoira por la que solo pasa un coche, a dos kilómetros escasos del centro de Carral, hubo gente que vio morir a familiares y amigos, que se abrazaban a cuerpos sin vida y que tapaban heridas con sus manos. Cuando aquello sucedió, los sanos hicieron de médicos hasta la llegada de las ambulancias. Algunos se quitaban las camisas para cubrir los cuerpos, buscaban nerviosos el pulso, y otros hacían la respiración boca a boca al que lo necesitaba. Hicieron lo imposible. «Hice cosas que jamás me imaginé que tendría el valor para hacerlas», relataba una de los testigos. A una joven no había quien la consolara. «Mi amigo murió en mis brazos», gritaba. Su novio cuenta que todo fue muy rápido, que «de pronto apareció el coche saliendo de la curva y vimos que el piloto perdió el control y al tocar con las ruedas la cuneta comenzó a girar sobre sí mismo a lo largo de unos cien metros, arrollando a todos los que estaban allí». Recuerda que en el margen derecho de la carretera, poblado de pinos y eucaliptos, era donde estaban los que resultaron heridos o muertos. La cuneta contraria había sido despejada por la organización, pues todo indicaba que ahí era donde estaba el peligro. Pero no fue así. Porque «nadie podía imaginar que en una recta, por donde los coches podían alcanzar los cien kilómetros por hora al salir de una curva, un vehículo pudiese perder el control», aseguraba uno de los pilotos que se acercaron a la zona al enterarse de lo sucedido.
Los cuerpos sin vida quedaron a lo largo de esa recta de poco más de cien metros, junto a la cuneta, y alguno entre los árboles. Todos cubiertos con trozos de tela que los testigos habían improvisado. «La espera de las ambulancias se hizo eterna. Fue una espera trágica», relató una joven que perdió a dos de sus mejores amigos. Los que allí estaban cuentan que la primera ambulancia llegó 15 o 20 minutos después y a partir de ahí empezaron a llegar a cuentagotas. Porque no fue nada fácil alcanzar el lugar de los hechos. Todos los accesos estaban atestados de vehículos aparcados y los tramos del rali estaban cortados.
Al lugar se fueron acercando amigos y familiares de los muertos y de los heridos. Protagonizaron escenas de gran dolor y nerviosismo. También algunos pilotos participantes en el rali pasaron por el lugar. Fue la Guardia Civil la que llevó la calma y la organización al lugar. En cuestión de minutos dispuso vías de entrada y de salida para las ambulancias.
El cuartel de la Guardia Civil de Carral era otro de los lugares llenos de tristeza. También allí se concentraron multitud de personas para consolar al piloto y al copiloto, que habían sido trasladados a esas dependencias para tomarles declaración.