Comestibles parecen, venenosas son

CAMBRE

Marité Prieto, una de las socias de Andoa, con una cesta de setas
Marité Prieto, una de las socias de Andoa, con una cesta de setas

La asociación Andoa, de Cambre, da las claves para recolectar setas esta temporada

04 nov 2016 . Actualizado a las 22:29 h.

«Le metemos mucho miedo a la gente, pero es necesario. Cada seta comestible tiene su gemela venenosa». Los 40 años de experiencia identificando hongos no son suficientes para José Manuel del Río. «Al contrario, tengo más miedo yo que un novato, cuanto más sabes del reino fungi, peor es». Este experto de la asociación micológica Andoa, de Cambre, es uno de los encargados de evitar que los vecinos de este municipio se intoxiquen. O, al menos, de intentar que en el plato no se les cuele una especie no apta para el consumo. Todos los lunes por la tarde, la agrupación ofrece un servicio de identificación de setas en su local de A Barcala. «Nos llegan muchas personas con setas venenosas pensando que son comestibles», asegura.

 José Manuel del Río tiene claro cuál es la teoría para evitar llevarse a la boca una seta venenosa. Primero, identificar cuáles son las peores y las que más abundan en los campos gallegos: «El Paxillus involutus, que están a montones en los pinares, y que se reconoce porque si le pasas la mano las láminas se vuelven rojas y negras, y las famosas Amanita phalloides, que son verdes y amarillentas». Lo mejor antes de lanzarse al monte, según este especialista, es «asistir primero a una clase y después ir poco a poco, y con mucho cuidado, conociendo el terreno y las diferentes especies. Pero siempre sin abusar». Lo más sano, no jugársela y consultar siempre a un experto.

Del Río recuerda las especies comestibles más comunes. «Se dividen en dos grandes grupos: las que se distinguen por su paraguas, pie y sombrero y las que presentan formas irregulares». Dentro de las primeras está el Boletus edulis, «el más conocido». Sus características: tiene poros; al cortarlo no cambia de color; el pie tiene un retículo blanco y la cutícula del sombrero tiene una franja blanca en el exterior. Otra especie corriente: el níscalo. «Se distingue porque al cortar por el pie suelta un látex anaranjado». Hay más especies comestibles: los cantharellus, de color amarillo y con forma de trompeta, o las «lenguas de vaca», con pinchos.

«Siempre recomiendo que se cojan los días que no llueve, porque el agua puede hacer que cambien de color y que se confunda una comestible con una venenosa», destaca José Manuel del Río. Y ojo con llevarte una bolsa de plástico de la compra para guardar las setas que recojas. «En las bolsas se pudren, hay que llevar siempre una cesta. Y no se deben coger las que están al borde la cartera porque absorben el plomo de la gasolina; cuando más lejos del contacto humano, mejor».