ARA SOLIS | O |
23 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.IMAGINEN por un momento que, en vez de depositar la basura en los pertinentes contenedores, me diese la tolería y se la dejase en la puertas de sus casas. Qué se yo, los restos de la sardiñada de anoche abandonados en el felpudo de cualquier vivienda como quien no quiere la cosa. O los periódicos atrasados volando en mitad de una leira. O el coche viejo, por no llevarlo a un desguace, aparcado delante de un vado durante años y años hasta que no quede de él nada más que el chasis. Supongo que cualquiera se sentiría ofendido -como mínimo- si lo anterior ocurriese y, en caso de conocer al responsable, seguro que -también como mínimo- lo notificarían a las autoridades competentes. Afortunadamente, no conozco ningún caso en que haya ocurrido, pero estoy cansada de que, cada vez con más frecuencia, nos lleguen fotografías de cosas todavía peores: electrodomésticos tirados en cualquier cuneta, escombros en fincas apartadas, restos de un matadero en una parcela privada, y, la más llamativa hasta el momento, una excavadora en todo lo alto del monte Cambre. Lo que nadie permitiría delante de sus casas está ocurriendo en parajes naturales. La solución, como siempre, la tenemos nosotros.