ENTRE los numerosos méritos de Manuel Lugrís Freire, a quien dedicamos el pasado miércoles el Día das Letras Galegas, está el de haber pronunciado el primer mitin en lengua gallega, el 6 de octubre de 1907 en Betanzos. Se ha dicho y se ha escrito mucho (y yo mismo lo hice en la Casa de Galicia en Madrid) acerca de aquella jornada y del contenido del discurso de Lugrís Freire. Se ha subrayado su fidelidad a la lengua gallega -que usaba siempre en público- y su condena «dos zumezugas da política», a los que culpaba de una emigración sacrificada y dolorosa, que él había sufrido en sus propias carnes. Pero no se ha subrayado como se merece la denuncia que tiene más actualidad en esta hora de infraestructuras y nuevo Estatuto: la falta de unión de los gallegos. Para que lo entendiesen sin equívocos, Lugrís Freire ilustró su denuncia con la imagen de un ave de rapiña de la que sólo cabe defenderse como hacen los gorriones: juntándose todos y echándose sobre ella hasta vencerla. Por eso terminó pidiendo que se juntasen todos contra los bexatos de la política. Porque sin esta unión, no es posible defenderse ni defender a Galicia. Dicho hace 99 años. Su eco se extiende hasta hoy.