PLAZA PÚBLICA ÁNGEL PADÍN
06 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.UN BUEN amigo (tesoro inapreciable donde los haya) me advierte que hemos dedicado muy pocas líneas en el reciente comentario al hecho de que una farmacia coruñesa hubiese sobrevivido desde 1827 hasta nuestros días. Tiene razón, porque me enseña un curioso folleto donde además descubro que el mérito de esta farmacia está, no sólo en su antigüedad, y siempre en el mismo lugar de nuestra calle Real, sino que ya va por la sexta generación de una misma familia, la de Villar, desarrollando su labor farmacéutica. Creo que era Homero el que había sentenciado que «hay que dejar al pasado que sea pasado», lo que nos parece muy bien, pero es asimismo muy sano -y tratándose de la profesión farmacéutica aún más- recordar que hace 175 años un profesional con vocación y deseos de servir al prójimo, José Villar y Vázquez, por cierto de origen brigantino, una urbe (Betanzos, claro), que ha dado personajes muy ilustres, dedicaba su tiempo y su sapiencia a la venta de medicamentos y a servir al prójimo. Él también era hijo de farmacéutico, lo que nos retrotrae al siglo XVIII. Esta es la sencilla historia de una farmacia de solera situada en una calle coruñesa muy emblemática.