María Dolores Calviño, mujer de una fe inquebrantable

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Destacó por su temperamento resolutivo y su ayuda a los más necesitados

27 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Nació María Dolores Calviño de Castro en 1939, en una humilde casa situada al lado de la escuela y de la iglesia parroquial de Santa Eulalia de Abegondo. Creció, junto a sus 10 hermanos, a la sombra de estos dos edificios que siempre serán decisivos y emblemáticos en la vida de Lola, hasta el punto que la maestra, que es recordada por todos con cariño y gratitud, conocida como señorita Amalia, soltera y sin hijos, la acoge como hija adoptiva, cambiando sus apellidos López Carro por Calviño de Castro.

Era una mujer de un temperamento recio y resolutivo, con una fe inquebrantable, arraigada en las más tradicionales costumbres y tradiciones de la Iglesia y del pueblo. Mujer fiel a sus principios y fiel al amor de Dios, tal como pide la vida religiosa que ella profesaba siendo miembro del Instituto Secular de Vida Consagrada Alianza de Jesús por María.

«Nunca agradeceremos lo suficiente toda su entrega a la iglesia, de la que a diario se encargaba de cuidar, limpiándola, decorándola con flores, lavando y planchando manteles o tocando la campana cada vez que era necesario. Pero sobre todo debemos agradecer la tarea espiritual, es decir, la catequesis, las novenas, rosarios… visitas a enfermos y moribundos, y su preocupación por los más necesitados del vecindario», indican desde Abegondo.

Con cariño y mucho agradecimiento, los vecinos y sacerdotes la despidieron el pasado martes día 24, en un sencillo pero sentido funeral.