Ruta por las tierras de Abegondo

Cristóbal Ramírez

ABEGONDO

Cristóbal Ramírez

En este recorrido encontramos tres templos: Santo Antón de Beldoña, San Tirso y San Marcos

04 ene 2020 . Actualizado a las 10:16 h.

Hubo una época en la que el golfo Ártabro era un lugar peligroso. Y eso sucedió cuando el calendario marcaba el año del Señor de 1809. O sea, que por estos días de principios de enero justamente se cumplen 211 años. ¿Qué sucedía? Que primero las tropas inglesas en poco honrosa aunque necesaria retirada táctica para embarcarse en A Coruña (el episodio de la célebre batalla de Elviña) y los soldados napoleónicos justo detrás de ellos dejaron tierra quemada atrás. Mucho más los segundos que los primeros, desde luego, y en Betanzos hasta no hace muchos decenios la memoria popular era buena y se hablaba de los gabachos con escaso cariño.

Así que desde la retaguardia del golfo Ártabro muchos betanceiros no se quedaron a verlas venir y prefirieron escapar todavía más lejos del mar, a las tierras de Abegondo, hoy plácidas, verdes, fértiles, pobladas y, desde luego, cristianizadas.

El primer templo que se encuentra el viajero es la capilla de Santo Antón de Beldoña, sencillo; desvío a la izquierda en un punto en que un crucero en muy buen estado sirve de referencia. El entorno fue mejorado en 1995, y desde ahí ya se comienza a divisar una muy amplia extensión de terreno, de manera que era lugar seguro ante la proximidad de tanto soldado.

Y a partir de ese punto, todavía más extensión ante los ojos, puesto que la carretera va a ser ascendente hasta llegar a Mesón do Vento, una quincena de kilómetros en pendiente. Mucho antes de ese enclave se alza la iglesia de San Tirso. Al igual que la de Santo Antón, ya estaba en pie, con su estilo adusto y su fachada simétrica con sillares a la vista, cuando los ingleses volaban el puente de As Cascas en Betanzos para dificultar el avance de sus enemigos.

Igualmente bullía de vida un edificio situado a la izquierda que sigue derrochando elegancia, aunque desde luego acuse el paso del tiempo. Barroco y del XVIII, a comienzos de ese siglo comenzaba a levantarse el pazo de San Tirso, con sus dos torres con escudos y sus balcones que hablan en su mudo lenguaje de otra época para ellos mucho más esplendorosa.

Y siguiendo la carretera hacia Santiago se pasa de la magnificencia a la humildad. Porque de esta última está bien servida la capilla de San Marcos, a la izquierda y pegada al asfalto, levantada cuando el siglo XVII estaba a punto de rematar. Detrás del pequeño templo, en lo alto de la colina, hay un notable parque infantil con mucho espacio para que se desfoguen los más pequeños de la familia. Estarán tan seguros como los betanceiros que no tuvieron más remedio que poner tierra por medio ante tanta visita indeseada. Conste para la historia: los hombres volvieron, sigilosamente, a degollar franceses a la primera que se despistaban. Así de trágico, así de simple.

La aventura

Unir las tres iglesias en una ruta fuera de la carretera.

La foto más personal

Ante las torres de San Tirso.

El desafío

Dibujar la fachada de los templos y, con los más pequeños, reconocer las diferencias.

El pasado

Los habitantes de Abegondo alojaron como pudieron a los betanceiros que huían ante los franceses.