Bardo, el taller creativo de Monte Alto que eleva a categoría de joyas sachos y fouciños

Patricia García Lema
Patricia García A CORUÑA

A LA ÚLTIMA

Nicolás Zamorano es el artesano que da forma a joyas y miniaturas tan curiosas como cuchillos, fouciños o sachos en su espacio de la calle Cuento, en la que también imparte talleres para aprender el oficio

14 nov 2025 . Actualizado a las 21:33 h.

Abrió su taller en una calle con mucho cuento. Bardo Taller Creativo, en el número 6 de la calle Cuento, frente al futuro Mercado de Monte Alto, es el proyecto de Nicolás Zamorano, el artesano que da forma con sus manos a piezas de joyería y miniaturas tan curiosas como cuchillos, fouciños o sachos. En su local, pintado de azul por fuera y con distintas mesas de trabajo de joyero a lo largo de la pared, da forma a sus creaciones y también imparte talleres para todos los que quieran hacer algo con las manos «y volver al mundo de los oficios».

«Mi formación no es académica, soy autodidacta», cuenta Nicolás, que empezó hace siete años a soldar pequeñas piezas de latón. «Empecé con las miniaturas, me llevaban mucho tiempo, mezclando madera y metal. Les puse mucho amor y la gente lo notó y querían llevarse esos cachitos», recuerda sobre sus inicios. De ahí pasó a las piezas de joyería, que tienen que ver mucho con esa pasión por reproducir objetos cotidianos en un tamaño mini. Tiene, por ejemplo, pendientes con forma de cuchillos o una mini guitarra que pronto será un colgante. «Me gusta mucho hacer piezas por encargo, sobre todo reproducciones de cosas que puedan tener un significado especial. Por ejemplo, una vez me encargaron un machete de carnicería para una mujer que se iba a jubilar. Fue un desafío y me encantó: reproduje el cuchillo en plata y a la señora le encantó».

ANGEL MANSO

Trabaja con latón para darle forma a las ideas y crea las piezas finales en plata o plata chapada en oro. «Muchas veces termino vendiendo las piezas de latón», asegura. «Me encanta, lo disfruto un montón porque cuando la cabeza se pone en modo desafío es cuando más me funcionan los engranajes y lo disfruto más», asegura. En el taller imparte cursos de joyería y todos los que se apuntan empiezan a trabajar desde el momento en el que entran por la puerta. «La idea es que vengas y te pongas a trabajar con las manos. Me interesa meter el bichito de los oficios a las personas. Todo el mundo que termina el curso se queda muy satisfecho, es una satisfacción ver cómo ya el primer día son capaces de llevarse un anillo para casa», cuenta. Además de talleres de joyería su idea en un futuro es ampliar los cursos a otro tipo de disciplinas.