En los grupos de padres se multiplican los enlaces, los resúmenes de requisitos, los avisos de plazos que se abren y recordatorios de los que se cierran; y el tan temido «ya no quedan plazas»
17 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.A tres días de que acabe el curso, están los cativos como animalitos enjaulados, dispuestos a salir a toda pastilla cuando el viernes a las dos de la tarde se abra la puerta del colegio. Por delante tienen once semanas de vacaciones, en las que coincidir con los padres será, como cada año, una odisea. En medio del estéril debate sobre lo largas que son las vacaciones de los profesores, está la realidad de tratar de encajar la crianza en un sistema imposible.
Con razón florecen los campamentos de verano como si fueran setas. Deportivos, creativos, tecnológicos, en plena naturaleza, con comedor, madrugadores, en inglés. Municipales, autonómicos, privados. En el cole de los niños, en el de enfrente, en Bastiagueiro o en los centros cívicos. Y con ellos empiezan los juegos del hambre para conseguir plaza.
«¿Cómo os organizáis con los niños en vacaciones?» es una de las preguntas que más se repite estas últimas semanas. En los grupos de padres se multiplican los enlaces, los resúmenes de requisitos, los avisos de plazos que se abren y recordatorios de los que se cierran. Y el tan temido «ya no quedan plazas».
Las respuestas incluyen abuelos y vacaciones escalonadas para que los cativos no tengan que pasar un mes entero en un campamento. Entre otras cosas, porque no hay bolsillo que resista el gasto de tres o cuatro semanas de actividades. Y que solo se puede asumir si tienes la suerte de tener un trabajo en el que te paguen lo suficiente como para abonar el campamento al que tienes que mandar a tus hijos porque tienes que cumplir el horario del trabajo en el que te pagan lo suficiente para poder pagar el campamento al que mandas a tus hijos, en un bucle infinito que se nos ha ido de las manos.