La fisioterapia maxilofacial, una especialidad aún desconocida para muchos pacientes, propone un abordaje global y personalizado para tratar estas patologías
15 may 2026 . Actualizado a las 08:45 h.La fisioterapia maxilofacial es todavía una gran desconocida para muchos pacientes, pese a su papel clave en el tratamiento de dolores frecuentes como los de cabeza, mandíbula o cuello. Esta especialidad se centra en la evaluación, tratamiento y prevención de alteraciones en la articulación temporomandibular (ATM), la musculatura orofacial y la región cervical y craneofacial. «La principal diferencia con la fisioterapia general radica en el área de intervención y la especificidad del tratamiento», explica la fisioterapeuta Lorena Sánchez. Frente a un enfoque global del sistema musculoesquelético, esta disciplina actúa sobre una zona «mucho más delicada y compleja», con técnicas precisas adaptadas al cráneo y la mandíbula, aunque ambas áreas son complementarias.
Entre los problemas más habituales que trata se encuentran el dolor mandibular, las cefaleas, el bruxismo, las limitaciones al abrir la boca o incluso síntomas como tinnitus o sinusitis. «Un paciente debería acudir cuando aparecen dolores o disfunciones en la zona de la mandíbula, cara o cuello», señala.
En el centro de muchos de estos trastornos está la ATM, una de las articulaciones más complejas del cuerpo, esencial para hablar o masticar. Cuando se altera su funcionamiento, pueden aparecer «dolor en la mandíbula, cara, oído o cabeza, ruidos articulares, bloqueos o dificultad para abrir la boca». Uno de los factores más comunes es el bruxismo, una actividad involuntaria que suele estar asociada al estrés. «Puede producir dolor facial, cefaleas, tensión muscular o problemas en la ATM», indica Sánchez. Su abordaje desde la fisioterapia es global e incluye terapia manual, ejercicios, trabajo postural y técnicas dirigidas al sistema nervioso, siempre de forma individualizada.
La relación entre mandíbula, cuello y cabeza es estrecha. «No son problemas aislados, sino parte de un mismo sistema», subraya. La sobrecarga en la musculatura masticatoria puede desencadenar cefaleas, mientras que las alteraciones cervicales también influyen en el dolor facial. De ahí la importancia de un tratamiento conjunto que aborde todas estas estructuras. Además, hábitos cotidianos como apretar los dientes, mantener malas posturas frente a pantallas o masticar chicle de forma habitual pueden agravar estas patologías sin que el paciente sea consciente.
El perfil de paciente ha evolucionado en los últimos años. A los casos clásicos se suman ahora personas más jóvenes, con síntomas relacionados con el estrés o el uso intensivo de pantallas. «El paciente actual no solo busca aliviar el dolor, sino entender qué le ocurre», apunta. La primera valoración es clave. «Me permite entender no solo dónde duele, sino por qué», explica Sánchez, quien apuesta por la escucha activa y un análisis global que incluye hábitos, postura o calidad del sueño. A partir de ahí, el tratamiento combina distintas técnicas y se apoya en la implicación del paciente. «La evolución depende en gran medida de lo que hace en su día a día».
Por ello, la educación y los ejercicios en casa forman parte esencial del proceso. El objetivo no es solo aliviar el dolor, sino lograr una mejoría duradera y prevenir recaídas. Un enfoque que, además, se refuerza con el trabajo conjunto. «Se trata de integrar conocimientos para abordar al paciente de forma global», concluye.