Extraña que en la zona de Riazor, del Orzán, del Matadero, justo al lado de las playas, no se hayan puesto negocios semejantes a los de la Marina
09 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Tal vez a alguien se le esté ocurriendo ahora mismo montar una heladería en Coruña en la Marina. Es una idea que no tengo dudas de que funcionará, a decir de las colas que se forman sobre todo los fines de semana. Hace décadas, en esa zona solo estaban La Italiana y la Colón, que en un tiempo se hacían competencia, una vez que La Ibense, que estaba en el Cantón Pequeño, había cerrado. Durante muchos años los coruñeses nos dividíamos entre esos dos templos con sabores que se reducían a los clásicos (chocolate, nata, crema tostada, turrón, limón, fresa y poco más). El pistacho ya nos parecía una rareza que incluía una tendencia que hoy es imparable. Ahora, que hay helados de tarta de queso, café de pota, licor café o manzana asada, en Coruña las heladerías se han concentrado en una única milla fría, la que va desde Bico de Xeado, enfrente del teatro Colón, a Puerta Real, donde está ubicada la última de las seis heladerías que se han instalado prácticamente una al lado de otra en menos de 500 metros. Es curioso que cada vez que pensamos en tomar un helado, los coruñeses tengamos que hacer ese recorrido concreto, que además coincide en proximidad con otras dos que hay en la calle Bailén (dicho en coruñés: donde toda la vida estuvo Pascual).
Extraña, desde luego, que en la zona de Riazor, del Orzán, del Matadero, justo al lado de las playas, no se hayan puesto negocios semejantes a los de la Marina, por mucho que el personal de la Ibi suela aparcar su furgoneta en las Esclavas para fortuna de algunos. Pero es rarísimo que no existan grandes heladerías en otras zonas céntricas, en Juan Flórez, en la plaza de Lugo, en la plaza de Pontevedra, en la de Vigo... ¡Ni en ningún barrio! Los helados coruñeses siguen condenados a los paseos de domingo clásicos.