Litton saca lo mejor de la OSG

HUGO ÁLVAREZ DOMÍNGUEZ A CORUÑA

A CORUÑA

El directo Andrew Litton con la OSG en el Palacio de la Ópera
El directo Andrew Litton con la OSG en el Palacio de la Ópera

Se puede revisar el no haberlo incluido en abono o el repetitivo repertorio; pero saca lo mejor de la orquesta

06 mar 2026 . Actualizado a las 19:41 h.

La visita de Andrew Litton a la OSG suele dar uno de los conciertos más intensos de la temporada, por la personalidad arrolladora del director, su afinidad con la orquesta y la capacidad de sacar de ella un sondo de muchos quilates. Este concierto presentaba parte de los programas que, bajo su batuta, ofrecerá en el Festival Musika Música de Bilbao. Se programó fuera de abono y los abonados tuvieron que comprar entrada aparte. Desde la obertura de Los maestros cantores, Litton apostó por sonido americano: grande, brillante y bien empastado; con intervenciones sobresalientes del metal y una cuerda con presencia y carne. Si en Bilbao se presentará el Concierto para chelo de Elgar (con Asier Polo), aquí se invitó a Eva Arderíus, ganadora del Concurso Soncello, para las Variaciones rococó, de Chaikovski. Visibilizar este tipo de perfil es una apuesta arriesgada que habla de la línea actual de la OSG. Arderíus dominó la obra con sonido sedoso, íntimo y redondo. Lo mejor, los pasajes más líricos y el final, expuesto con destreza. Se puede pedir más variedad al fraseo, pero apunta maneras. Litton ató a la orquesta para, cuidando a la solista, darle presencia justa. Arderíus regaló Black run, de Henryson, de estética country, donde estuvo brillante.

La OSG toca la Sinfonía desde el Nuevo Mundo casi cada año. Litton dio una versión de rompe y rasga, bien construida, de los momentos más íntimos a unos tutti arrolladores. La transición inicial, el metal encendido y un final de dejar sin aliento fueron seña de identidad. El Largo, desde la cuerda y el inspirado solo de corno inglés de Rodríguez, fue envolvente y dio paso a un tercer tiempo trepidante, de cuerda punzante y madera matizada. En el final, hubo empuje (impecables trompetas y trombones) para cerrar una lectura de sonido americano y tempi rotundos. Muchos trabajos notables, especialmente Prokopenko al chelo y Ortuño a la flauta.

Litton es garantía de eficacia. Se puede revisar el no haberlo incluido en abono o el repetitivo repertorio; pero saca lo mejor de la orquesta.