Mayte Culebras, podóloga entre A Coruña y Madagascar: «Puedes conseguir que un niño tenga una oportunidad de futuro real»

A CORUÑA

La podóloga Mayte Culebras, coordinadora del proyecto en Madagascar de Health Volunteers, en la clínica Fouz & Culebras de A Coruña
La podóloga Mayte Culebras, coordinadora del proyecto en Madagascar de Health Volunteers, en la clínica Fouz & Culebras de A Coruña CÉSAR QUIAN

En marzo irá a Madagascar para intervenir un pie zambo y otras dolencias

08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando empezó a estudiar Derecho, poco podía imaginar Mayte Culebras Llana (Pontevedra, 1982) que acabaría operando malformaciones infantiles en Madagascar. La vida de esta pontevedresa de nacimiento pero coruñesa de adopción está llena de sorpresas. Como dar el salto del Derecho a la Podología, abrir su propia clínica junto con su marido en A Coruña, o embarcarse en un proyecto para agradecer lo que la vida le había regalado. Así, es coordinadora del proyecto en Madagascar de la organización Health Volunteers.

—Fue un problema de salud de su hijo el que originó esta implicación solidaria en Madagascar.

—Mi hijo, Lucas, nace con la mancha en vino de Oporto asociada al síndrome de Sturge-Weber. Es un síndrome que se caracteriza por afectación cerebral de las meninges y son niños que tienen muchos ataques epilépticos y lo difícil es dar con el cóctel para evitar esos ataques. Todos los pronósticos decían que Lucas iba a tener el síndrome, porque la mancha llegaba hasta la segunda rama del trigémino, pero milagrosamente a los siete meses le hicieron una resonancia cerebral y dijeron que estaba sano, que simplemente se quedaba en un daño estético. No tiene ningún daño cerebral, y yo me lo tomé como si fuera un milagro, la verdad.

Caminata solidaria

Hoy, a las 11.00 horas, saldrá de la cafetería El abuelo (A Zapateira) un paseo organizado por el Club de Leones A Coruña Decano para recaudar fondos para la campaña de Madagascar. Cuesta 5 euros para adultos y 2 para los niños. Para quien no pueda acudir, hay unas huchas instaladas en el mismo local.

—¿Y es en ese momento cuando decide buscar una actividad solidaria?

—Es como que tienes esa sensación de devolverle a la vida lo que te dio, te sientes en deuda constante.

—¿Por qué Madagascar?

—Yo buscaba una asociación de niños en la que poder colaborar y de repente vi que había una asociación de podología que operaba a bebés con pie zambo. Y decido involucrarme. Esta asociación está en Barcelona, me pongo en contacto con ellos, conseguí ayuda para material quirúrgico y en el 2024 llegué a Madagascar. Éramos un grupo de seis personas, una enfermera, cuatro podólogos y un traumatólogo.

—¿Cómo fue el trabajo una vez allí?

—Dividimos el viaje en dos estancias: cinco días en Ambanja y el resto en el orfanato de Nosy Be. Es un centro con niños con parálisis cerebral y, sobre todo, con deformidades físicas del miembro inferior.

—Pero atienden sobre todo a niños con pie zambo. ¿Son muchos casos?

—Sí, no se sabe la causa pero la incidencia del pie zambo es muchísimo más alta en África. La operación es relativamente sencilla aquí. Y es un cambio enorme, porque puedes conseguir que un niño se ponga de pie, camine, vaya al colegio y tenga una oportunidad de un futuro real, porque si no, es imposible. En bebés es un corte en el tendón de Aquiles, modificas la posición del pie en 90 grados y colocas un yeso. Luego hay que cambiarlos, pero como solo estamos allí doce días, lo que hacemos es formar a los enfermeros y médicos locales para que aprendan este método.

—¿La recuperación es total?

—En bebés, casi al 100 %. Cuando los niños se van haciendo mayores, la corrección va siendo menor. Por desgracia, muchas de las niñas terminan en el turismo sexual.

—El golpe de Estado del pasado año les impidió volver a la isla, pero este año ya tienen preparado el viaje.

—Vamos del 23 de marzo al 4 de abril. Alicia, que es podóloga y enfermera, con la que opero, va con su hijo de 14 años, que ya ha estado muchas veces en Madagascar, en Gambia, se lo lleva desde los 9 años. Yo voy con mi hijo mayor, Julio, de 14 años. Cuando estás allí piensas en personas que quieres que estén contigo, y una de ellas es mi hijo mayor.

«El hospital fue un subidón, sentí que era lo que estaba buscando»

Su hermana y el auge de Ally McBeal la convencieron para estudiar Derecho. Pero cuando dejó la carrera, su madre (enfermera ya jubilada del hospital Montecelo de Pontevedra) se la llevó a Urgencias para que viera cómo era el trabajo.

—Fue un subidón de adrenalina, sentí que era lo que yo estaba buscando, e igual que en Derecho me estaban hablando en chino, en el hospital me sonaba todo [no solo por su madre: su padre, Adriano Culebras, fue durante años un internista de referencia en Pontevedra]. Me dijeron que en Podología podría operar, dedicarme a la ortopedia, a la pediatría. Luego me especialicé en cirugía y en biomecánica y ortopedia, las dos especialidades más médicas.

—El proyecto de Madagascar no solo le ha dado la satisfacción de poder ayudar a tantos niños. También le hizo conocer a Cleau, un chico del que es tutora.

—Cuando lo conocí, tenía 16 años. Se encargaba de las tareas del orfanato, ayuda muchísimo a las monjas con los niños más pequeños. Todas las noches veía que estaba con una libreta y un boli. Me dice que está estudiando italiano, intentándolo con unas frases. Llevaba cuatro años allí, sus padres lo habían dejado para operarlo de pie zambo, pero era imposible que fueran a recogerlo. Le pregunté qué quería hacer, y me dijo: «Quiero estudiar y salir de aquí». Le dije que lo íbamos a hacer juntos. Le pagué el alquiler de una casita, y me ocupo de todo. En un año hablaba italiano. Ahora está estudiando el segundo año de francés e informática. Su sueño es ser guía turístico. Voy a esperar a que cumpla 18 años para hacer el pasaporte, mi idea es poder traerlo aquí para seguir formándose. Él quiere vivir en Madagascar, pero le encantaría conocer España y a mis hijos.