Exterior noche, Juan Flórez

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Fachada de la primera tienda de Zara, en la coruñesa Juan Flórez
Fachada de la primera tienda de Zara, en la coruñesa Juan Flórez Marcos Míguez

A veces, el escenario donde queremos quedarnos es un cine en vías de extinción, o aquella tienda que lleva un siglo, o medio, en la misma esquina

21 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada uno fabrica recuerdos como quiere, como puede. A veces, el escenario donde queremos quedarnos es un cine en vías de extinción, o aquella tienda que lleva un siglo, o medio, en la misma esquina.

Hay quien se habrá hecho una foto el domingo viendo Rondallas o Anaconda en los cines de Espacio Coruña, sabiendo que el lunes ya no habría películas que ver en las pantallas de unos Yelmo más que echan el cierre. Cada vez que se reduce más el espacio en el que ver películas como el rito mágico y común que es ir al cine, recuerdo una tarde en el Teatro Colón, hace casi 13 años. La bisnieta y el tataranieto de Georges Méliès, Marie-Hélène y Lawrence Lehérissy, presentaron aquel días las películas de uno de los grandes magos de la historia del cine, recitando y tocando el piano. Como en aquellas primeras sesiones en las que el cine era un espectáculo de feria o de salones elegantes, pero una fiesta compartida.

Guardamos como podemos la memoria de los cines cerrados, y de los comercios que ya no están, también: el viernes por la noche, en la acera de enfrente del Zara más antiguo del mundo, una familia se hacía una foto con la tienda iluminada de fondo. En una semana, ya no habrá más luces en esa esquina. Quién nos lo iba a decir en mayo del año pasado. Lo curioso es que en mi cabeza, en parte moldeada viendo películas en salas de cine, esa imagen tenía algo tan cinematográfico... como si de repente aquella acera fuera en realidad una plaza en la que un pueblo se reúne para ver cómo desaparece el cine en el que todos crecieron. Ante la mirada triste de Salvatore, los sollozos de algún vecino, el Cine Paradiso se viene abajo para convertirse en un aparcamiento. Y solo queda la memoria.