José María Fuciños Sendín, un sacerdote ejemplar y un querido maestro

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A CORUÑA

José Manía Fuciños llevaba como abad en la Colegiata desde junio del 2012
José Manía Fuciños llevaba como abad en la Colegiata desde junio del 2012 GUSTAVO RIVAS

Salvador Peña, ministro presidente de la Orden Tercera de San Francisco, recuerda al abad de la colegiata de A Coruña

19 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Con gran tristeza y profundo agradecimiento, recordamos al reverendo José María Fuciños Sendín, un hombre de fe inquebrantable y un pastor apasionado que dedicó su vida al servicio de la Iglesia y la comunidad. Para muchos de nosotros, fue un querido profesor de religión en el Instituto Salvador de Madariaga, donde nos enseñó a amar la fe y a vivirla con pasión.

Su gran capacidad de oratoria y hermosa homilética nos inspiraron a todos, llevando el mensaje de amor y esperanza a quienes lo escuchaban. Sus palabras, llenas de convicción y compasión, calaron hondo en nuestros corazones. Su sabiduría litúrgica y su profundo conocimiento de la tradición católica nos guiaron en nuestra formación espiritual.

Fue el gran promotor de los certámenes de música religiosa y los cuadernillos litúrgicos, que nos permitieron vivir la fe de manera más profunda y significativa. Su amor por la Semana Santa coruñesa y la procesión del Corpus Christi, con la misa solemne en la plaza de María Pita, nos hizo sentir la riqueza de nuestra tradición católica.

Su escuela de acólitos fue un semillero de vocaciones y un lugar de formación para muchos jóvenes, algunos de los cuales hoy ostentan grandes puestos de responsabilidad. Su dedicación y pasión por la liturgia y la formación de los jóvenes fueron un ejemplo para nosotros.

Como abad-presidente del Cabildo de la Real e Insigne Colegiata de Santa María del Campo en A Coruña, su liderazgo y dedicación fueron fundamentales para la comunidad. Su trabajo como Director del Museo de Arte Sacro reflejó su compromiso con la fe y la cultura.

Su gran fuerza de voluntad y tenacidad fueron un ejemplo para nosotros, mostrándonos que, con perseverancia y fe, se pueden superar los desafíos más grandes. Su carácter fuerte y decidido, unido a su corazón bondadoso, lo convirtieron en un verdadero líder espiritual.

Su legado vivirá en nuestras memorias y en las vidas de aquellos a quienes tocó con su ministerio. Que descanse en paz, y que su ejemplo nos inspire a seguir su camino de fe y servicio.

Salvador Peña, presidente de la Orden Tercera de San Francisco