La asociación Empujando Sonrisas donó a dos familias argentinas con niños con diversidad funcional sus dos sillas adaptadas al acabar la prueba de los Andes y ahora intenta que alguna empresa los ayude
13 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Tienen un corazón tan grande que la solidaridad se les fue de las manos. Hace unas semanas les contaba la gesta de la asociación Empujando Sonrisas. Participaron en una prueba de 100 kilómetros por los Andes y llevaron con ellos a Mario y a Pedro, que completaron la hazaña a lomos de su silla adaptada. Fabricadas en Francia, cada una cuesta 4.200 euros y demostraron por las sendas más complicadas que valen ese dinero porque están como el primer día. Una la había donado la empresa Unirasa y otra la adquirieron con sus recursos José Luis y Paula, padres de Mario. En Argentina conocieron a otros padres como ellos que también intentan hacer deporte con sus hijos con diversidad funcional. «Allí es imposible hacerse con unas sillas así y nos pudo la pasión y decidimos donárselas», explica José Luis, que regresó a Galicia con la satisfacción del objetivo y del deber cumplido pero sin sillas. Ahora buscan patrocinadores que los ayuden a tener otras dos sillas que reemplacen a las que el corazón dejó en los Andes. «No queremos dinero de particulares. Somos un club deportivo, Empujando Sonrisas, y la idea es que alguna firma se involucre en nuestro proyecto. Ya nos llamaron de una preguntando por los detalles y necesidades», avanza mientras sigue buscando patrocinador para esas sillas con sonrisa que valen 4.200 euros cada una.