La «Júpiter »de González-Monjas: un punto de inflexión

HUGO ÁLVAREZ DOMÍNGUEZ

A CORUÑA

Imagen de archivo de la OSG con Roberto González Monjas al frente
Imagen de archivo de la OSG con Roberto González Monjas al frente EDUARDO PEREZ

Al fin escuchamos la especialidad del titular: los conciertos para violín de Mozart

27 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Programa extenso centrado en Mozart y abierto con Ravel: el mejor de Roberto González-Monjas como titular de la OSG, con una Júpiter mozartiana inolvidable.

¿Por qué tocar Ma mère l’oye de Ravel en un concierto con duración suficiente ceñido al Mozart que seguiría? González-Monjas coloreó la partitura tratando a la orquesta como secciones de cámara. En los detalles estuvo lo mejor (vientos, contrafagot), diluyéndose el crescendo de Le jardin féerique por demasiado ágil: se prefirió el orden a la grandilocuencia. Al fin escuchamos la especialidad del titular: los conciertos para violín de Mozart. González-Monjas actuó como solista en segundo y tercero, mostrando su capacidad de diálogo con la orquesta, integrándose en ella con sonido nítido, homogéneo, delgado. Aminoró la sonoridad orquestal (sobre todo en el 2, donde encontró mejor equilibrio en el rondó final) para priorizar el sonido del violín: arriesgado en una sala grande. Sensible en fraseo e impecable en cadenze propias, en el 3 se enfatizó el lirismo de las melodías: andante central precioso y rondó final matizado.

La Sinfonía Júpiter fue un hito. González-Monjas aplicó criterios historicistas a una orquesta que, sin serlo, lo pareció y respondió a una visión trepidante de extremas dinámicas. El allegro inicial, veloz y enérgico, arrancó sobre el aplauso y potenció vientos y timbal frente a la espléndida cuerda. En el andante cantabile (demasiado raudo), la melodía no alcanzó su pathos por una elección de tempo discutible; pero el menuetto fue una lección de graduación de dinámicas (impecables maderas en el trío). En el Molto allegro se notó la personalidad de González-Monjas (¡qué rubato y fermatas!) y la confianza en la orquesta: equilibrio de planos y capacidad de interiorizar un modo de tocar que podría serles ajeno. El soberbio contrapunto final cerró una versión fresca, potenciando rendimiento y posibilidades de la orquesta.

Esta Júpiter marca un punto de inflexión en la relación de González-Monjas con la OSG que eleva a la orquesta al máximo. Esto no se ve a diario.