Carta a Javier

Pablo

A CORUÑA

Esto va de explicarle a gente que no tiene ni idea de quién eras por qué está leyendo esto, mientras los que sí te conocieron sonríen recordándote

26 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Hola, Gabis. Por cosas de la vida se me ha dado la oportunidad de decirte algo que quede impreso para siempre. La duda mientras me planteaba si hacerlo, igual que cuando hablé en la misa en la que te despedimos, era si tenía algo que mereciese la pena decir. Pero eres mi hermano pequeño y desde que empezó todo este proceso, que por desgracia nos ha acabado trayendo hasta aquí, lo que sí hemos tenido claro es que siempre merece la pena gastar un momento en darnos un abrazo y decirnos que nos queremos.

Todo está siendo demasiado raro desde que no estás. La mitad de mi vocabulario cotidiano se basaba en bromas internas que hacíamos evolucionar cada día y que ahora se quedan a medio camino de salir de mi boca. Sabes de sobra que siempre he sido un poco más dramas que tú. Pero esto no va de mí, va de ti. Va de explicarle a gente que no tiene ni idea de quién eras por qué está leyendo esto mientras los que sí te conocieron sonríen recordándote. Realmente, para ti, es de lo que fue siempre todo. De que los demás sonriésemos. De que no pasasen 30 minutos a tu lado sin un abrazo empalagoso, un dedo en la oreja para reírte de cómo nos molestaba o una broma que escandalizase un poco a mamá para ver su reacción y luego darle un beso.

Nos dijiste más de una vez que el tumor solo te había traído cosas buenas porque te habías conseguido recuperar y habías entablado relación con gente que te demostró más de lo que esperabas. Nada te puede definir mejor. Eras ese tipo de persona que uno solo puede mirar con admiración y desear que se te pegue un poquito de esa bondad. Y en tu familia lo sabemos, pero sobre todo lo saben tus amigos. No te puedo explicar cómo brillaron sus ojos mirándote en el tanatorio los días que te despedimos. Cómo hablaban de ti cuando no sabían que les escuchábamos de fondo. Cómo buscaban la forma de que hubiese siempre un último homenaje a contrarreloj. No es ningún tópico, te admiran. No hay otra forma de mirarte una vez se te conoce. Creo que es una buena forma de expresar lo que esta carta intenta decirte. Te prometo que sonreí mirando tu ataúd tuneado por última vez. Lo provocaste hasta el final. Te quiero plas. Te queremos y querremos. Gracias por tanto.