Un elocuente clásico contemporáneo en A Coruña

Hugo Álvarez Domínguez

A CORUÑA

EDUARDO PEREZ

El teatro de La Fura dels Baus, aquí con «Carmina Burana», sigue cautivando por su plasticidad, inmediatez, dominio de medios y capacidad de asombro

10 may 2025 . Actualizado a las 19:01 h.

El acercamiento de La Fura dels Baus a los Carmina Burana, de Carl Orff, es un clásico del teatro contemporáneo; como lo es el lenguaje furero, vigente 45 años después de la fundación de la compañía. Sus códigos ya no provocan ni escandalizan, pero siguen cautivando por su plasticidad, inmediatez, dominio de medios y capacidad de asombro.

Los Carmina Burana parten de poemas de los monjes goliardos que promueven el gusto por los placeres mundanos y de la carne y la máxima del carpe diem. El montaje, con pocos elementos bien empleados, crea un viaje inmersivo que pone imágenes a los textos. Basta una gran sábana en forma de cilindro para proyectar imágenes y ocultar en su interior tanto la orquesta como el arsenal escénico que se despliega (grúa, tanque acuático de doble fondo...). El resultado, de impacto incuestionable, aporta una visión contemporánea en una propuesta que mantiene el sentido del ritmo y resalta el carácter popular e irónico de la obra. Las interacciones con el público hacen el espectáculo inmersivo pero no invasivo.

Hay inteligencia al usar los elementos para un resultado de toda elocuencia. El montaje aporta un sinfín de imágenes atractivas (el cisne en la grúa, la vendimia con una actriz en el tanque de agua o toda la secuencia de Cour d'amours) y la amalgama es total. Actores y cuerpo de baile permiten al coro cierto estatismo mientras la acción avanza: no faltan estímulos.

Con diez elementos de orquesta y dieciséis de coro, gracias a una amplificación impecable, se escucha una versión válida: balance y empaste del coro correctos y el conjunto orquestal estupendo a la batuta de un César Belda que añade un prólogo que no desentona. Amparo Navarro adapta bien sus medios de lírica a la aguda escritura, Lorenzo Moncloa equilibra intención y redondez y Adrián Espada negocia el número del cisne. ¿Se podría lograr con tan pocos efectivos una versión tan encomiable sin amplificación? Difícil, pero el resultado abre el debate de si la amplificación controlada puede sumar.

El público jalea una música nacida para sentirse. Un festín visual que atrapa desde el inicio, en consonancia con el espíritu de la obra.