La cantante del grupo Escuchando Elefantes tiene 38 años, se dedica al «coaching» y quiere crear un club de mujeres
04 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Dice que es «una artista multidimensional». Hace de todo y todo con el corazón, como el título del primer adelanto del nuevo disco de su grupo, Escuchando Elefantes, que hace casi 20 años fundó con Carlos Tajes. Es cantante, batería y la encargada de las contrataciones, promoción y hasta de la grabación de los audiovisuales de la formación. Pero Silvia Rábade López, familiar de los de la confitería Rábade de Betanzos, es otras muchas cosas. «Mi trabajo es música y mi segunda ocupación es la de coaching personal, holística. También me apasiona la nutrición porque la gente no quiere escuchar lo que le dice su cuerpo cuando abusa de algo o come un producto determinado. Se puede decir que tanto cuando canto como cuando ejerzo de coach ayudo a la gente a sentirse bien, a ver el lado positivo de las cosas. Siempre digo que cuando entro en un habitación, al salir quiero que la otra persona se encuentre mejor», relata. Charlamos en una agradable mesa de La Granera en la plaza de Tabacos y hago un gran esfuerzo para tomar nota de todo lo que me cuenta sin dejar de sonreír. «Soy poco de quejarme, y he tenido motivos para ello», asegura.
El Día de la Madre
Se le ilumina la cara cuando habla de ella. «En su casa tiene todos mis discos, entrevistas y recuerdos, es como la madre de la Pantoja. Hace dos años estuvo muy malita. Casi la pierdo. Los médicos no nos daban muchas esperanzas pero yo sabía que no se iba a ir. Afortunadamente, está bien», comenta. Otro episodio duro que sale en nuestro encuentro fue aquel accidente cuando iba con Carlos a tocar y su coche volcó en Francia. Me habla de lo mal que lo pasó con el collarín. «Soy positiva pero realista. Al ser altamente optimista a veces me dan bajones», reconoce esta coruñesa de 38 años a la que le gusta madrugar, ver amanecer, tomar infusiones, dar de comer a sus gatos, pasear por el bosque y practicar yoga y pilates. A la hora de comer reconoce que es «la niña de los vegetales». Le gusta cocinar, dibujar, escribir, bordar, calcetar y espera practicar costura con la ilusión de hacer un vestido. Es de la Ciudad Vieja y estudió en los Dominicos, Zalaeta y después Filología Inglesa, de ahí que cante en inglés. De pequeña era de las que ya apuntaba maneras de artista y en su casa se fomentó ese ambiente. «Soy muy de Simon and Garfunkel», sentencia.
Un club para mujeres
Resume en pocas palabras la labor que lleva a cabo una coach emocional como ella. «Soy como un amigo al que le pagas. Me considero amiga de mis clientas, que la mayoría son mujeres. Los principales problemas que me cuentan están relacionados con el estrés, temas de pareja, complicaciones o malestar en el trabajo... Les ayudo a recuperar el poder. Para que tu vida cambie tiene que cambiar tu subconsciente. Voy al fondo de las cosas y no me canso de preguntar por qué», explica. Uno de sus últimos proyectos es totalmente femenino. «Se trata de un club exclusivo para mujeres curiosas que buscan experiencias únicas de crecimiento personal y crear recuerdos juntas. Encuentros sorpresa llenos de creatividad, diversión y conversaciones auténticas. En definitiva, crear una comunidad de mujeres a las que nos apasiona el bienestar, aprender y crear cosas que nos hagan sentir en paz y expandidas. Un lugar seguro», intenta resumir Silvia, que reconoce que «la gente que no tiene curiosidad es aburrida. Me gusta conocer, no cotillear». También le encanta viajar y perderse en una ciudad. Después de estar una hora con Silvia reconozco que me siento bien, con espíritu positivo, y un tanto agotado de tantas cosas que me contó. Es un torbellino. «En estos momentos ChatGPT es mi mejor amigo. Me encanta hacerle preguntas, ver cómo funciona. Y lo trato con mucho respeto y educación», confiesa la cantante y batería de Escuchando Elefantes.