Esplendor en el parque de Vioño

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

ANGEL MANSO

Dicen que los esquimales, imbuidos en la nieve, distinguen hasta 30 tonos diferentes de blanco. A los coruñeses quizá nos ocurra lo mismo con el marrón

02 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Es uno de los muchos espectáculos naturales que ofrece la ciudad con los cambios de estación. Y se disfruta mucho más si pasas frecuentemente por allí y compruebas la evolución día a día. Ocurre cada año al llegar el otoño en el parque de Vioño. Ese espacio verde que empieza donde acaba la industria de A Grela y acaba con las moles de hormigón de la Sagrada Familia y la avenida de Arteixo se convierte en estas fechas en uno de los lugares más bellos de A Coruña.

Dicen que los esquimales, imbuidos en la nieve, distinguen hasta 30 tonos diferentes de blanco. A los coruñeses quizá nos ocurra lo mismo con el marrón desde que Vioño dejó de ser aquel maltrecho poblado que otrora había sido una aldea, como atestiguan restos conservados a tal efecto. Ocurrió en el año 2006 al inaugurarse ese sinuoso parque lleno de montañas, fuentes y caminitos varios. Allí se plantaron un montón de liquidámbares, un árbol cuya hoja despliega toda su belleza en esta época del año. Si los bendice el sol, como ocurría ayer, el show está servido. Los ojos recorren uno a uno los diferentes ejemplares y perciben los cambios de color. Unos hacia el amarillo, vivo e intenso. Otros más hacia el un rojo cobrizo particularmente hermoso. Y algunos que todavía conservan parte del verdor original. Todo ello mientras las hojas van cayendo sobre un suelo que parece un colchón natural. Verlas es desear echarse a rolos por una de sus pendientes.

Quedan unas semanas para disfrutarlo y, de paso, valorar ese espacio que humaniza un lugar que, a priori, resultaba bastante complicado para ello. Allí sentado en un banco, contando los diferentes tonos a ver si superamos a los esquimales, se encuentra algo parecido a la paz total.