El uniforme

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

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Si el centro de todas las ciudades se parece cada vez más, ¿por qué iba a ser diferente la ropa que llevamos?

09 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuenta una de mis amigas que su hija mayor, ahora adolescente, pasó por una fase en la que renegaba del uniforme (voluntario) de su colegio. Cuando pasaron un par de años y las niñas de su clase lucían otra vez aquella falda de cuadros con alegría y jersey largo, pidió por favor volver al uniforme. Todo vuelve, como las hombreras, y poco debería extrañarnos a los mayores. Primero, porque una vez tuvimos 13 años y quisimos ser como todas las demás, y segundo, porque seguimos llevando uniforme. Aunque no sea falda de cuadros o pantalón de pinzas con jersey a contraste y zapato azul marino. Será cosa de los tiempos: si el centro de todas las ciudades se parece cada vez más, ¿por qué iba a ser diferente la ropa que llevamos? Las redes sociales se han convertido en un espejo que a veces deforma la realidad, otras simplemente la refleja y otras es como el de Alicia: un misterio al que asomarse hacia un universo paralelo. Y ahí están todas esas cuentas que juran que recogen el estilo de los parisinos en París, los madrileños en Madrid y los gallegos en Galicia (sospechosamente coruñeses buena parte de ellos) y en las que podríamos cambiar la plaza de Lugo por Fuencarral sin mucho problema. Es curioso cómo un paseo por el centro de esta ciudad nos va revelando instantáneas que podrían estar en las páginas de las revistas. Podemos interpretar que los coruñeses visten estupendamente, sea lo que sea esto, o que todos aspiramos a vestirnos igual que las imágenes que nos llegan por tierra, mar y aire. La moda no deja de ser una aspiración, y ahí estamos todos, aspirando como la hija de mi amiga a vestirnos otra vez con la falda de cuadros que en algún momento escondimos en el fondo del armario.