Si Kurosawa rodase en Riazor

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑEAS

A CORUÑA

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VARIOS

En esta playa, si una lo piensa bien, todo es bastante extraño

08 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En la playa, si una lo piensa bien, todo es bastante extraño. Nos tumbamos en esa arena rugosa y brillante, nos quitamos casi toda la ropa y lucimos nuestras carnes más o menos flácidas, prietas, morenas o pálidas. Bajamos con cubos y pala (los que nos toca) o con sillita y libro (los que pueden). Y allí pasamos las horas, viendo subir o bajar la marea, aparecer o desaparecer el escalón de arena bajo las olas.

La playa esconde rarezas insospechadas. Una mañana de agosto, con la marea bajísima y el mar como un plato, uno de esos señores que deben llevar en Riazor 60 años se subió a una roca con un transistor de radio en la mano. Con su antena bien colocada para no perderse sabe dios qué programa, bien plantado en medio del mar.

Una tarde cualquiera de agosto, en medio de los cuerpos en bañador, aparecieron tres elementos rompedores: un señor completamente vestido (y calzado) y dos chicos. Se levantaron de la toalla y caminaron hacia la orilla. Subía la marea con esas olas que son una fiesta para los críos, que se dejan arrastrar cada vez que una de ellas rompe. Y en medio de las risas, del sonido del mar, de la megafonía, apareció el maestro japonés como un elefante en una cacharrería. «Es que la fotografía de Ran es maravillosa. Bueno, todo Kurosawa» sentenció el señor a sus dos acompañantes.

Y ahí se quedó el fantasma de Kurosawa flotando en el aire de Riazor, imaginando cómo plasmar aquel momento preciso en una pantalla, con su sombrero, su boina, su pequeña visera protegiendo los ojillos inquietos del director de Los siete samuráis, qué habría pensado de esta playa y de este mar, dónde habría plantado su cámara.