Me ha tocado hacer la revisión y lo he vuelto sentir. Ese estrés. El mismo que el de un examen oral en la facultad en el que te juegas la carrera
06 ago 2021 . Actualizado a las 13:58 h.Me ha tocado pasar la ITV del coche en Sabón. Y lo he vuelto sentir. Ese estrés. El mismo que el de un examen oral en la facultad en el que te juegas la carrera. Siempre se me olvida qué papeles tengo que llevar. Me lo explican al llegar. «El azul, lo tienes en la guantera». Vuelvo a por él. «Ese no, como este». Sudo. Cojo todo. Los del seguro, los del coche, el salvoconducto de la empresa para circular durante el confinamiento. Todo. La mujer, paciente tras el cristal, separa el grano de la paja. Lo encuentra. Y me manda esperar en el coche. Ahora, por el covid-19, te indican por el móvil cuándo entras en el túnel. No he preguntado si me llaman, o mandan un WhatsApp. El aviso no llega. De nuevo, pienso que he hecho algo mal. Sudo. Reviso el móvil. Estaba el aviso. En los SMS que ya solo miro para las vacunas y cribados.
Voy a la cola. Siento un miedo irracional. Todo va mal. El revisor es amable. Yo, torpe. Pienso que voy a suspender. Que el coche va a quedar allí inmovilizado. Lo tengo todo rayado. ¿Eso penalizará? Una abolladura también. Veo que la mira. Sudo. Me pide que ponga las luces antiniebla. Me equivoco. «Esas no, las antiniebla». Al cuarto intento me hace un gesto de aprobación. Se dirige a mí. «Abra el capó» ¿Cómo se hace eso? Me dejo de tonterías. Le pregunto directamente. «Bajo el volante tienes una palanca». Me meten en unos rodillos donde encajan las ruedas. Pide que gire de un lado al otro. «¡No da!». Para la máquina. Se acerca y me dice que solo hay que hacer zigzag, no el giro completo.
Paso de fase. Me recibe otro operario. Tengo que colocar el coche en una parte donde hay un rectángulo subterráneo desde el cual miran los bajos del coche. Me da un rollo chungo. Pienso en cuántos se han colado. Voy a meter el coche ahí. No sé qué hice mal, pero el hombre tiene que salir del agujero a solucionarlo. Me da una indicación. Ya no sé lo que es. Me bloqueo. Sudo. Mucho. ¡Quiero salir de allí!
«Ya está. Hasta 2023 no tiene que volver», me dice. Me da la pegatina. Sonríe cordial. Estoy a punto de preguntarle qué como hago con ella, pero ya está bien por esta vez. Respiro profundamente, liberando nervios.