Judías sobre tinta y papel

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

SANDRA ALONSO

Cualquiera de estas crónicas puede acabar cubierta de restos de verduras, envolviendo un jarrón en una mudanza, hecha una bolita para absorber la humedad

28 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay algo terapéutico en la cocina. En las pequeñas tareas, como pelar una cebolla o quitar los hilillos a las judías verdes, en el trabajo mecánico pero preciso de preparar todo para un buen guiso, antes de que la casa se llene de olores. Pero más allá del gesto mil veces repetido de abrir el cajón, coger el cuchillo, encender el fuego, a veces la cocina esconde un ataque despiadado a nuestro ego. No porque se nos pueda quemar el aceite, o se peguen las lentejas. Mucho más personal, en realidad.

Hace unas semanas, pelando patatas con el piloto automático, bajé la vista para descubrir que la página del periódico donde caían las mondas era una página clavadita a esta. De un miércoles cualquiera de este año. Allí estaban otros 1.600 caracteres encabezados con mi nombre, sucios de tierra, salteados con ojos de patata, recordando que por mucho que pese la palabra, por muy negra que se vea la tinta sobre el papel, cualquiera de estas crónicas puede acabar cubierta de restos de verduras, envolviendo un jarrón en una mudanza, hecha una bolita para absorber la humedad de un zapato mojado. Si hasta quien firma puede acabar dando un uso tan poco poético a sus palabras, qué no harán los demás, pensé.

La cosa se complica cuando los restos de las judías acaban esparcidos sobre las letras de otro, como una de esas maravillosas últimas páginas que los domingos regala Miguel-Anxo Murado. Tras el verde de aquellas hebras asomaba Steve McQueen y los recuerdos de la particular gran evasión protagonizada por el propio Murado en San Miguel de Reinante. No pude evitar cierto pudor, como si alguien pudiera verme, al apartar las judías para leer de nuevo el artículo y volver a soltar una carcajada.