La sorprendente destitución de Lanzada Calatayud al frente de Turismo de A Coruña exige una explicación más allá de la obviedad de que ha perdido la confianza del concejal de Turismo, de la alcaldesa o de ambos.
Una persona que lleva casi media docena de años batallando sin cesar por la ciudad no pierde la confianza porque sí, aunque se disfrace la decisión con el pobre argumento de que, en realidad, lo que se hace es no prorrogar su contrato.
Que en pleno comienzo de esta dura campaña turística, después de haber estado el año pasado en barbecho, Turismo de A Coruña quede descabezado es, sencillamente, una muy negativa noticia para la ciudad, entre otras cosas porque ese puesto no se puede cubrir sin previa convocatoria, presentación de candidatos, posibles reclamaciones, etcétera, con lo cual el verano va a quedar muy lejos cuando el sucesor tome posesión del despacho.
Sin prejuzgar las razones de la destitución, todo el sector sabe de la valía y la constancia de Lanzada Calatayud, y esa apasionada defensa de la ciudad la llevó en algún caso incluso al roce con otros, como sucedió con el autor de estas líneas en una discrepancia de formas y oportunidad sobre el Camino Inglés. Pero lo cortés no quita lo valiente.