A la cola para vacunarse

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

MARCOS MÍGUEZ

Descendientes indiscutibles de Sancho Panza, vamos de cabeza a la picaresca. También con las vacunas

19 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Un inglés es ese ser que es capaz de hacer cola durante varias horas en la parada del autobús, aunque esté él solo. Una cola impecable de un único miembro, como ponderaba el escritor George Mikes cuando elogiaba a los británicos. Nosotros somos diferentes, y aunque tenemos virtudes que los ingleses no poseen, la paciencia para hacer cola no se cuenta entre ellas.

Cuando aún se podía ir al cine o al estadio en masa, convertíamos la puerta de entrada en un embudo que se iba tragando a la gente amontonada delante sin orden ni concierto, con las palomitas volando sobre la chepa del vecino. En el supermercado huimos de las colas como si quemasen: cogemos el tique en la zona de pescadería y aunque tengamos solo a dos personas delante corremos a ver si nos da tiempo a encontrar las aceitunas. Y para pagar, a la salida, distribuimos a la familia por varias cajas por si alguna va más rápido.

Descendientes indiscutibles de Sancho Panza, vamos de cabeza a la picaresca. También con las vacunas. En cuanto se corrió la voz de que el Sergas transigía con el horario establecido en la cita, fueron legión los que buscaron el momento de la jornada con menos cola. «Voy a mediodía, que no hay nadie; pues yo, al salir del trabajo», anunciaban unos y otros... Hasta que se montó el lío. El cambio de Pfizer a AstraZeneca el mismo día dejó sin pinchar a los que llegaron tarde a la cita. Y aunque es verdad que ese cambio se pudo avisar mejor, con dos horas de retraso hay poco derecho al pataleo.