Desfase en el bus de Baroke

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

PACO RODRÍGUEZ

«Ojo, que nuestra generación fue la de la ruta del bakalao», dice uno. «Menos mal que ahí no había Instagram», suelta otro

21 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Es un acto reflejo de madurez decir: «La juventud está perdida». Las imágenes de veinteañeros clamando «libertad» y levantando la copa en macrobotellones pandémicos no ayudan a otra cosa, la verdad. Pero, además de la importancia de diferenciar la parte del todo, cuando el WhatsApp arde se impone frenar. «Ojo, que nuestra generación fue la de la ruta del bakalao», dice uno. «Menos mal que ahí no había Instagram», suelta otro. Y en fin.

Con esa idea en la cabeza se recuerdan comportamientos que, de estar registrados en móviles, hubieran desatado un escándalo. Mi aportación: el bus de Baroke. Se tomaba en la estación de bus rumbo a Sada los sábados. La ida se hacía alrededor de las cinco de la tarde. La vuelta sobre las diez. Dentro, menores de edad con ganas de fiesta. El primer viaje solía ser tranquilo. La vuelta, en ocasiones, se convertía en un absoluto desfase. Unas veces motivados por el exceso de alcohol. Otras, por la necesidad de descargar la frustración de no haber ligado. Y, siempre, con la fuerza del grupo alentando al descerebre. Los follones que se montaban en ocasiones en ese bus escandalizarían incluso a sus protagonistas si hoy les llegase un vídeo.

Chavales de 16 años botando en ruta al grito penoso de «¡maricón el que no baile!». Otros quemando asientos con mecheros. Ceniceros volando a la mínima de cambio. El lamentable «¡Vigo no!» coreado por la jauría. Patadas en el techo tras colgarse de los sujetabrazos. Y, cómo no, a veces pelea al llegar mientras el sufrido conductor suspiraba aliviado. Lo cierto es que aquella generación -la mía- tiene mucho que callar. Si acaso, subrayar una diferencia. Si sus padres los vieran no dirían: «Pobres, son jóvenes y hay que entenderlos». Harían algo muy distinto.