Lo que las piedras nos enseñan

Desde el casco de Darth Vader hasta una inmensa muela, los parajes naturales del área metropolitana coruñesa esconden curiosas figuras entre sus paisajes rocosos

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano se ha dedicado a interpretar las señales de la naturaleza a partir de sus cambios, pero su foto fija también es fuente de inspiración. Lo saben bien en el monte Xalo, donde incluso hay rutas señalizadas para localizar el sinfín de esculturas rocosas que contiene este paraje singular.

«As pedras con formas chaman moito a atención, pero hai que saber onde están as figuras», explica Jose Antonio Barbeito Uzal, presidente de la Comunidad de Montes del Xalo, entidad que ha fijado carteles informativos en la entrada de este espacio para guiar a los visitantes y que les resulte «máis fácil atopalas».

El recorrido empieza con las emblemáticas Pedras Picudas, cuatro monolitos verticales que se asemejan a los dedos de una mano enterrada por la mitad. Más tenebrosas son las Pedras Negras, también conocidas como Darth Vader, porque son igualitas al casco negro del malo de la Guerra de las Galaxias.

La piedra que era una casa

Los lugareños del Xalo conocen bien la historia de la Casa Rula, unas piedras con forma de pequeña vivienda que fueron cobijo, hasta los años 50, de una vecina muy humilde. Es una historia que llama la atención del visitante, tanto como la Pedra dos Corvos, que según por dónde se mire, puede parecer una inmensa muela o bien una mano en una pila bautismal. Otras figuras muy populares por la zona son O Sombreiro (en forma de boina), a Iglesia dos Mouros. Además de señalizar estas figuras, en la comunidad del Xalo trabajan para recuperar las antiguas fuentes «de cando a xente andaba co gando por todo o monte», además de sustituir los eucaliptos por frondosas autóctonas. Una inmensa labor la que hacen.

«O can escolleu bo sitio para descansar en Caión»

«La erosión produce imágenes singulares. Me divierte observarlas y me hace reflexionar sobre el transcurso del tiempo», explica María Rozamontes, que fue responsable de Turismo del Concello de Arteixo. A esta apasionada del senderismo y la fotografía, le entretiene localizar figuras entre las piedras. Tiene cientos. Desde «un can que escolleu bo sitio para descansar nas Salseiras de Caión ata unha ovella sentada no Reiro, en Chamín». Muy divertido.

Una tortuga marina gigante en Oleiros

LORETO SILVOSO

Como quien juega a adivinar las formas de las nubes, las piedras también cuentan lindas historias

Hasta donde el ojo humano alcanza a ver, la Marola es un pequeño islote que marca la entrada y salida de la ría coruñesa, en pleno golfo Ártabro. Situado frente a las costas de Dexo, en el municipio de Oleiros, casi todos sabemos que estas rocas son las protagonistas del mítico refrán que dice quen pasou A Marola, pasou a mar toda.

El dicho hace referencia al fuerte oleaje que espera a los marineros una vez superado este diminuto peñón, en dirección al mar abierto. Esto es, sobre todo, si tenemos en cuenta la fragilidad de las antiguas embarcaciones. A Marola es prácticamente inaccesible a pie y es también un enclave importante para aves.

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