Las colas del hambre en A Coruña son un 220 % más largas

El Servicio de Atención Inmediata pasó a atender a 2.496 personas en el último año, mientras que las entidades benéficas triplicaron en algunos casos el número de usuarios


a coruña / la voz

Personas que hace un año tenían trabajo, pagaban religiosamente sus recibos, salían a cenar los fines de semana, viajaban de vez en cuando y a sus hijos no les faltaba de nada hoy hacen cola para poder llevar un plato a la mesa. Acuden a Cáritas para una ayuda del alquiler, a la Cocina Económica para comer, a Servicios Sociais para que le tramiten una ayuda económica, a la Cruz Roja para solicitar la tarjeta monedero, a Padre Rubinos en busca de un techo bajo el que dormir, a Renacer para que lo orienten en la búsqueda de empleo... Tremendo lo de estos coruñeses que, sin culpa ninguna, se vieron en el pozo de un día para otro. Son los golpeados por la crisis que provocó la pandemia. Son los que dibujan el perfil de los nuevos usuarios de las entidades benéficas o de los receptores de ayudas municipales. Son los que jamás se imaginaron que iban a pasar por esas.

La concejala de Servicios Sociais, Yoya Neira, se basa en el último informe emitido por los equipos de atención social de los centros cívicos para dar cuenta de quiénes son la mayoría de los usuarios que piden y reciben ayudas en estos momentos. «Principalmente, son familias que se vieron muy golpeadas por la situación económica y laboral, o personas solas, principalmente varones, que se encuentran en situación de Erte, casi todos de hostelería pendientes de resolución de alguna prestación», explica la edil.

En ese estudio, que se realizó entre el 1 de enero y el 15 de marzo, queda reflejado que el Servicio de Atención Inmediata aumentó el número de atenciones un 220 % respecto al mismo período del año anterior. Se pasó de 1.100 ciudadanos a 2.496. A día de hoy, son 10.383 las personas atendidas en la concejalía, que además tramitó un 75 % más de ayudas que en el último informe trimestral. Pese al crecimiento del número de beneficiarios, Yoya Neira asegura que «hay todavía mucho colchón para que nadie que lo necesite quede desamparado, tanto por nuestra parte como por la de las entidades benéficas que tanto hacen por asistir a todos los que lo están pasando muy mal».

El perfil de los nuevos usuarios de las instituciones o oenegés lo representa Aitziber. Esta mujer de origen vasco, casada y madre de dos hijos pequeños, acudió por primera vez a una cola del hambre hace un mes y no ha dejado de ir. Tanto ella como su marido, ambos camareros, perdieron el trabajo hace tiempo. «Al principio fuimos tirando con ahorrillos, luego con la familia, hasta que tocamos fondo y empezamos a acumular recibos», cuenta. Acudieron a Servicios Sociales y los orientaron, aparte de tramitarles ayudas. «Cáritas nos ayuda para el alquiler del piso, la Cocina Económica nos da la comida, Cruz Roja nos facilitó la tarjeta monedero. Así vamos tirando», dice.

Entre Servicios Sociais y las entidades benéficas fusionan esfuerzos. Unas ofrecen alimentos, otras ayudas económicas, camas, duchas, libros, becas comedor, pago de alquileres, compras en los supermercados, ropa... Entre todos logran que «ninguna persona que viva en esta ciudad le va a faltar lo más básico y digno para vivir», cuenta José, uno de los voluntarios de Renacer.

Pero Gonzalo Cruz, con todo eso que recibe, hay algo más que necesita. Como «salir de la depresión en la que caí a raíz de verme en la necesidad de pedir, de venir con una bolsa todas las mañanas para llevarle algo a mis hijos y de patearme la ciudad dejando currículos sin que nadie me llame», dice antes de echarse a llorar. Como él, son muchos los que viven con un nudo en la garganta por tener que hacer unas colas cuando ni por asomo pensaron en que iban a llegar a formar parte de ellas. «Por favor, no me hagan foto. Me da vergüenza. Si cuando vengo a recoger la comida miro a todas partes por si me ve alguien conocido», dice antes de coger una bolsa con yogures, pasta, fruta, leche, verduras, huevos y atún en la oenegé Fonte de Vida.

Cerca de esta oenegé hacía cola Ángel Fente a las puertas de Renacer. Pertenece a ese perfil del que habla Yoya Neira de persona de cierta edad que se dedicaba a la hostelería y se quedó sin empleo, «cobrando una miseria porque hay contratos en la hostelería en los que trabajas 10 horas y cobras por 3». Cuenta que su hijo le paga una habitación en una pensión y la comida se la debe a esta entidad.

«Cada vez viene más gente de A Coruña»

Fonte de Vida es una oenegé que reparte alrededor de cien menús diarios en la Sagrada Familia. A cambio de 2 euros, el usuario se lleva una caja con todos los alimentos básicos. Fruta, verduras, yogures, lasaña, pescado, pasta, arroz, leche... Pablo Alves es su presidente y hasta parece que no duerme. De la mañana a la noche, llama a todas las puertas. Al banco de alimentos o a cualquier entidad que le ofrece un donativo. El responsable ha tenido que triplicar esfuerzos en lo que va de pandemia. «A día de hoy reparto alrededor de cien cajas con alimentos. Y cada vez se ve más gente de A Coruña», dice.

«Se ven personas nuevas que antes no lo necesitaban»

José Pérez cumple un año de voluntario en Renacer. Se ocupa de todo. Ya sea del reparto de comida, como el mantenimiento o arreglo en los pisos que esta institución busca para personas sin techo. Cuenta que a diario pasan por la sede alrededor de 70 personas a buscar una bolsa de comida con los alimentos básicos. De unos meses a esta parte, es testigo de que «la gente que viene a por comida antes no lo hacía. Se ven personas nuevas, que jamás habían necesitado ayuda». La pandemia les obligó a duplicar el número de menús. «Esperemos que salgamos pronto de esta crisis», dice.

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