El mejor tablero de juego

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

M.MORALEJO

A pesar de la distancia y de la mascarilla, de los virus, y del miedo, los retacos de hoy protestan con las mismas ganas que los retacos de ayer cuando toca subir a casa

17 feb 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Jugábamos a sangre, al brilé, a la goma, a lunes-martes contra la pared. En una calle con poco tráfico donde la partida podía ser en medio de la calzada, tan solo había que estar atentos y apartarse cuando alguien gritaba (muy de vez en cuando) «¡coche!». Podíamos ser cualquiera de nosotros o alguna de nuestras madres, desde el balcón del primero, el segundo o el tercero: así estábamos repartidos, por portales y pisos, los primos de aquella calle Rampa en la que la nueva generación poco podrá jugar en la calzada. De Ferrol a Coruña, de mediados de los ochenta a estos locos años veinte del siglo XXI, ayer bajamos a jugar a la calle. Con la mochila cargada de cochecitos y una bici.

Esta calle corta y ancha con sus pequeños jardines parece un espacio seguro, a pesar del garaje, de la calzada tan próxima, de que el tráfico es, sin duda, más intenso que en mi vieja casa. Los niños se ensucian en el suelo, juegan al fútbol a su manera, aprenden que la pelota que cae a la carretera se deja ir (sabes que te has convertido en tu madre cuando pegas un grito para frenar a tu hijo justo al borde de la acera), que no se pisa el jardín... y en este momento tan surrealista, aprenden también que la mascarilla no se quita y que deben mantener una distancia con el resto de la gente, con los bancos ocupados, con los que pasan por la misma acera.

Hay algo, eso sí, que no cambia. Por muchas décadas que pasen, aunque la ciudad sea otra o los juegos diferentes. A pesar de la distancia y de la mascarilla, de los virus, y del miedo, los retacos de hoy protestan con las mismas ganas que los retacos de ayer cuando toca subir a casa. Porque no hay mejor tablero de juego. Qué morriña escuchar ese «¡nooo, un ratito más!».